Urge cambiar usos y costumbres

Señor director:
La evolución tecnológica es imparable, y con la ayuda de la inteligencia artificial se construirán robots cada vez más sofisticados. Esto es inevitable. Hoy día, muchos están de acuerdo en hacer que los robots puedan pensar como los seres humanos. Los científicos pretenden “humanizar” la tecnología con los valores que dan sentido a la vida. Pero ante la eventual superioridad de los robots, algunos se alarman e invocan la existencia del alma diciendo que “los robots siempre serán distintos a los humanos porque ellos no tendrán alma”. Sin embargo, lo irónico del caso es que los humanos cada vez se están comportando más como si no tuvieran alma. Que la inteligencia artificial brinde a los robots la capacidad de pensar como seres humanos sin duda servirá (de hecho ya sirve) para agilizar el sistema productivo, pero este, aunque muchos lo ven como el gran logro del siglo, también puede convertirse en el perjuicio más grande de la historia. Por supuesto, decir esto en medio de la crisis actual puede sonar a disparate. Definitivamente, la euforia desatada por el avance tecnológico no promete nada bueno. El estilo de vida consumista exige un nivel de productividad cada vez más alto y refinado, el cual daña fatalmente el ecosistema tal como estamos viendo. La mentalidad explotadora ha instaurado una conducta abusiva de la que todos somos víctimas al haber violado las leyes naturales y maltratado a la Madre Tierra de la cual dependemos para nuestro sustento. Históricamente, el instinto de conservación siempre ha inducido a las personas a canalizar en positivo sus tendencias naturales, pero ante el peligro de ser masacrados como sucede ahora debido a la pandemia –además de la creciente polarización político-social que tantos y tan frecuentes conflictos está ocasionando–, la gente está cada vez más inquieta y decidida a luchar por su vida. Solo que esta vez las contiendas locales pueden derivar en un “todos contra todos”, un rabioso desconcierto generalizado a pequeña y gran escala en el que los virus, las bombas, los ciber-ataques y hasta una tercera guerra mundial, les dé por conjurarse de la noche a la mañana, arrasando todo lo construido desde la era industrial con la celebrada tecnología que tanto ha fascinado a todo tipo de personas.
Contra lo que algunos piensan, el mayor error a corto o largo plazo sería convertirnos en una mezcla híbrida de humano y robot, y empezar a ver a los demás como máquinas, objetos o cosas. Todavía podemos darle vuelta a la tortilla y cambiar radicalmente usos y costumbres, emprendiendo una nueva forma de vida sencilla, menos urbana y más rural, que nos permita amigarnos con la naturaleza antes de que sea demasiado tarde y nada ni nadie pueda socorrernos. Debemos elevarnos a las cumbres más altas del conocimiento para evitar que la tecnología nos domine y convierta en zombis, y terminemos comiéndonos unos a otros en vez de vivir en armonía, acordes con el potencial espiritual que nos distingue.
Lucas Santaella