Por Gerardo Iglesias
Hubo un tiempo en la Argentina, cuando despuntaba el siglo pasado, en el que los actores y actrices brillaban en la radio y en el incipiente cine. Actores de raza, populares, empíricos, verdaderos trabajadores artesanales que recorrían el país con sus obras o desparramaban sus voces por la radio, en aquellos famosos radioteatros. Y esos actores eran también fieles de sus seguidores, respetuosos de tanto amor, al que retribuían con fotos firmadas de puño y letra. No existían los programas de TV de la siesta, donde se destila la mugre y la ignorancia de patéticos personajes que han transformado todo en lo que el entrañable y recordado Juan Pablo Feimann denominó la “culocracia”.
Esos actores tenían seguidores por todo el país y se contactaban con ellos, respondiendo a sus cartas con fotos firmadas con cálidos saludos y agradecimiento. En Concepción del Uruguay, María del Carmen Tallone, recordada vecino del Puerto Viejo, era una de ellas. Maestra en el Sagrado Corazón, María del Carmen era una entusiasta seguidora de las radionovelas y de la vida de los artistas. Las radios convertían los hogares en teatros, desparramando aventuras, amores y misterios por todo el país, transformándose en una ceremonia diaria. Todo se detenía para que la magia invadiera cada rincón de los hogares. Así, nombres como Azucena Maizani, Juan Carlos Torry, Amanda Ledesma, el gran Luis Sandrini o el enorme artista que fue Hugo Del Carril, daban vida con sus voces a personajes de la literatura universal o de nuestro país con talento puro, sin impostaciones ni bravatas. Era arte puro. La bella voz de Ignacio Corsini, el Caballero Cantor, se multiplicaba en los barrios argentinos junto con el Zorzal, en un mano a mano único e irrepetible.
María del Carmen se contactaba con ellos a través del correo. Las respuestas tardaban. Pero llegaban. Porque esos artistas guardaban un profundo respeto por sus seguidores, desde el cuidado del más mínimo detalle en sus obras hasta el trato debajo del escenario. Y esto lo atestiguan las fotos que fue recibiendo la vecina del Puerto Viejo a lo largo de años. Los propios artistas enviaban esas fotos postales, firmadas y dedicadas, con afecto y cariño. Fotos de más de setenta años, que fueron guardadas y cuidadas como un tesoro por su dueña, que aún siguen siendo testigos de esa época a pesar que ellos, artistas y su seguidora, ya no esten. Hoy, se convierten en valiosas pruebas de un tiempo que regaló a grandes artistas y cantores de nuestra historia.
Algunas de las fotos guardadas son las que ilustran este pequeño homenaje a grandes gentes de nuestra cultura.

Azucena Maizani. Cantante y compositora argentina de tangos. Nació en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1902 y falleció en la misma ciudad el 15 de enero de 1970. Tuvo gran popularidad, actuó en radio y en teatro y además dejó grabadas más de 270 obras. Durante muchos años hacía sus presentaciones, vestida con trajes masculinos o con atuendos criollos de gaucho por lo que era conocida con el apodo de «La Ñata Gaucha» que le puso Libertad Lamarque en 1935.

Amanda Ledesma: Josefina Rubianes Alzuri, nació el 31 de diciembre de 1911 y falleció el 19 de febrero de 2000, más conocida como Amanda Ledesma. Desde 1929, comenzó a cantar en fiestas de amigos y en su juventud, mientras era una empleada en una tienda, ganó un concurso de cancionistas. Después actuó en radios como Prieto, Stentor y Excelsior, donde interpretó Alma en pena (de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez) y fue acompañada por Miguel Caló, José Ricardo; también actuó en el Teatro Maipo, Porteño, El Nuevo. En 1933, debutó en cine, dirigida por Luis José Moglia Barth, en el segundo film sonoro argentino, Dancing. En 1936 actuó con el cómico Luis Sandrini en Canillita, y un año después se destacó como cantante en Melodías porteñas, para Argentina Sono Film. En 1938 protagonizó otras dos películas, junto a Florén Delbene en El último encuentro, complejo film donde encarnó a Marta Zapiola, y Senderos de fe, estrenada a su vez en Estados Unidos.

Andrea Ignazio Corsini, más conocido como Ignacio Corsini, nació en Troina, Catania, Sicilia el 13 de febrero de 1891 y falleció 26 de julio de 1967. Apodado el Caballero Cantor, cantante y compositor de música popular argentina, considerado uno de los más importantes. Se hizo célebre con canciones como La pulpera de Santa Lucía, con música de Enrique Maciel y letra de Héctor Pedro Blomberg (el famoso dueto Maciel-Blomberg); Betinotti, de Homero Manzi; Tristeza criolla, de Francisco Laino y Caminito, de Gabino Coria Peñaloza. Corsini fue un artista de la misma talla que Gardel.

Luis Sandrini. Nació en Buenos Aires el 22 de febrero de 1905 y falleció el 5 de julio de 1980. Fue uno de los actores cómicos populares argentinos más respetados y queridos por el público y la crítica. Estuvo casado con la actriz Chela Cordero y después, en segundas nupcias, con la actriz Malvina Pastorino. Nació en el barrio de Caballito, y era hijo de inmigrantes genoveses. Su padre era un actor teatral, y Luis empezó a trabajar en un circo junto a sus padres, como payaso. En los años treinta entró en la compañía teatral de Enrique Muiño y Elías Alippi, donde conoció a su primera esposa, la actriz Chela Cordero. Debutó en el cine en 1933 actuando en la primera película sonora argentina ¡Tango! (dirigida por Luis José Moglia Barth) en la cual trabajaban, un grande del teatro de revistas como Pepe Arias y las estrellas del tango Libertad Lamarque, Azucena Maizani y Tita Merello, con quien tuvo un romance cuando filmaron la película Juan Tenorio.










