
Profesora – Periodista
El 18 de marzo de 2016, fue capturada en la ciudad de Gualeguaychú una mujer que era buscada en Concepción del Uruguay por el homicidio de Roberto Ángel Lescano, vecino que fue hallado asesinado en su propia casa. El sangriento hecho se produjo entre la noche del domingo 13 y la madrugada del lunes 14 de marzo de 2016. El cadáver presentaba al menos tres heridas asestadas con un arma punzo-cortante y golpes con un objeto contundente en la cabeza.
Marisa Elizabeth Domínguez de 35 años de edad, era oriunda de Buenos Aires, pero hacía un tiempo que residía en nuestra ciudad y alquilaba una vivienda en la zona sur. Ella fue sindicada como la asesina.
La víctima se domiciliaba en Avenida Balbín y calle 14 del oeste norte, tenía 74 años y se dedicaba a la venta de leña. Los investigadores dieron con la autora a través de un vecino o amigo de la misma, quien conocía los planes de ella para escapar tras cometer el hecho, con el dinero robado a Lescano. También como coautora o entregadora se buscaba a una joven de 20 años, Micaela Ayelén Puchetta.
La declaración de un remisero que habría trasladado a las dos mujeres esa noche del domingo, fue la punta del ovillo para esclarecer el caso. El chofer del rodado indicó el lugar donde las había levantado y desde donde se hicieron trasladar dos cuadras más arriba (la 16 del Oeste Norte) por la Balbín. El hombre contó que al regresar para buscar otro pasaje, las vio desandar el camino hacia la casa de Lescano.
Lescano, era viudo y vivía solo, pero mantenía citas con la joven de 20 años, quien le habría prometido un encuentro al que iría con mujer de 35. Pero el insinuante convite lejos estaba de la lascivia, el afecto o la diversión: era un calculado plan pergeñado entre ambas para robarle el dinero que la víctima guardaba en su casa para comprar mercadería. Era una suma considerablemente alta por esos días, un dinero destinado al pago de proveedores de su negocio de venta de leña. Lescano solía ayudar con unos pesos a Pucheta, que a pesar de su juventud era por entonces madre de tres niñas de 5, 3 y 1 año.
Capturada también Puchetta, con el correr del proceso, logró un juicio abreviado por el que recibió una pena menor a la prevista inicialmente.
El 18 de junio del mismo año, la fiscal cambió su acusación, determinando que su rol no había sido otro que el de “Partícipe necesaria de robo agravado”. También se vio beneficiada con la prisión domiciliaria por tener que cuidar de sus hijas.
La cuestión de la sangre
Además de la sangre de la víctima, abundantemente derramada, se encontraron rastros de sangre 0+, grupo y factor que compartían ambas mujeres. Como las pruebas recogidas de sangre no fueron suficiente para determinar el ADN de ninguna de ellas, y como tampoco se hallaron huellas dactilares de Puchetta en la casa -solo de Domínguez-, se dedujo que solo esta última había sido quien estuvo en el interior con Lescano. Según se reconstruyó en el expediente, Puchetta solo habría llegado hasta la puerta de la vivienda, ingresando únicamente Domínguez. Una vez dentro y luego de un tiempo indeterminado, pero que debió no ser muy prolongado, la mujer habría atacado a la víctima desprevenida, con un objeto contundente que presumiblemente había traído entre sus ropas. Lescano se defendió lesionándola a su vez (por eso se encontró sangre de ella), pero la mujer lo atacó con un cuchillo dejándolo agonizante para alzarse con el dinero que había en la casa y escapar. Tras varias horas de agonía, Lescano falleció y fue encontrado la tarde siguiente, tras la alerta de sus vecinos que no lo habían visto durante el día y a quienes les extrañó también que respondiera al llamado de algunos clientes.
La Policía llegó a la casa esa tarde y uno de los funcionarios, a través de una ventana, observó al hombre tendido en el piso, inmóvil, por lo que de inmediato se llamó a los Bomberos quienes lograron ingresar al domicilio. El lugar era el inequívoco y completo escenario de un cruento asesinato.
Una mujer que perdió el rumbo
Domínguez enfrentaba desde el principio una condena mayor a 20 años por estar acusada de Homicidio agravado por lo que fue alojada en la UP6 de Mujeres de Paraná.
La detenida mostraba en cada una de las audiencias un estado físico y mental disminuido. Abatida por el peso de la culpa, o las consecuencias que se cernían sobre su futuro, desde el principio pidió “perdón por lo que hice”, aparentemente acosada por los remordimientos.
Según se supo, debido a una condición psíquica que padecía le habían prescripto medicamentos, pero evitaba tomarlos porque decía que en la unidad penal, donde cumplía prisión preventiva, era agredida por otras internas y quería “para mantenerse alerta”.
Al salir de una de estas audiencias previas al juicio, incluso intentó arrojarse desde el tercer piso del juzgado subiendo a una de las barandas de contención internas del pasillo, lo que fue evitado por los policías presentes que reaccionaron con buenos reflejos.
La condena
El 30 de diciembre de 2016, Marisa Elizabeth Domínguez fue condenada a 14 años de prisión de cumplimiento efectivo en orden a los delitos de “Homicidio en Ocasión de Robo”. En tanto Pucheta recibió una condena a 5 años y medio de prisión domiciliaria por “Robo calificado por el uso de armas”.
Los defensores de ambas renunciaron a recurrir en Casación, pues la pena era menor a la prevista en un principio. Del dinero robado solo se recuperó una parte que estaba en poder de Domínguez. ¿Quién se quedó con el resto? Nunca se supo.










