El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció a través de su red social Truth Social que las autoridades interinas de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo «de alta calidad y autorizado» a su país, y aseguró que controlará los fondos de la venta para que se usen en beneficio de ambos pueblos.
El anuncio se produjo tres días después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y un día después de que Delcy Rodríguez jurara como presidenta encargada de Venezuela. Trump afirmó que el petróleo, cuyo valor podría superar los 2.800 millones de dólares según el precio actual del crudo WTI, se venderá a precio de mercado. «Yo, como Presidente de los Estados Unidos, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos», escribió.
Contexto y capacidad de producción
Según analistas, esta cantidad equivale aproximadamente a la producción de entre cinco semanas y dos meses de la mermada industria petrolera venezolana, que actualmente produce alrededor de un millón de barriles diarios. La mayoría de la producción venezolana se destina a China, y una cuarta parte a EE.UU. a través de la petrolera Chevron. Se estima que, para cumplir con este anuncio, Venezuela reduciría sus ventas a clientes chinos. El volumen mencionado también equivaldría al petróleo venezolano que ha estado retenido desde el bloqueo impuesto por EE.UU. en diciembre.
Implementación y reuniones
Trump instruyó al secretario de Energía, Chris Wright, para ejecutar el plan «de inmediato», indicando que el crudo será transportado en buques cisterna directamente a muelles de descarga en Estados Unidos. Al menos once buques cisterna de Chevron ya se encuentran en ruta hacia Venezuela. En paralelo, según reportes de Bloomberg, Trump prepara una reunión la próxima semana con los principales responsables de energía de su gobierno para definir una estrategia que convenza a empresas occidentales de invertir en la industria petrolera venezolana, tras haber expresado su deseo de que las grandes petroleras estadounidenses controlen y reparen la infraestructura del país.










