Tensión en la UIA: Moretti cruzó a Caputo y Rappallini salió a despegarse

El vicepresidente de la Unión Industrial Argentina cuestionó con dureza el rumbo económico, acusó al ministro de Economía de no conocer la realidad fabril y advirtió sobre la caída de la actividad y el empleo. El titular de la central empresaria, Martín Rappallini, tomó distancia y reivindicó el equilibrio fiscal, aunque reclamó medidas para recuperar la producción.

El vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Guillermo Moretti, cuestionó duramente el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei y dirigió sus principales críticas contra el ministro de Economía, Luis Caputo. Sus declaraciones expusieron además diferencias dentro de la propia central fabril, cuyo presidente, Martín Rappallini, se encargó de marcar distancia con algunos de sus planteos.



Moretti, dirigente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) y empresario de los sectores plástico y químico, sostuvo que la administración nacional no tiene un diagnóstico adecuado sobre la realidad de las fábricas y reclamó políticas específicas para sostener la actividad manufacturera.

«Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea. No sabe lo que es una fábrica», afirmó. En su cuestionamiento a Caputo, lo definió como «un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno», y puso en duda su conocimiento de la realidad productiva.

El dirigente también cuestionó la evolución de las finanzas del ministro y trazó un contraste entre su situación patrimonial y el endeudamiento del país. «Sí debe saber mucho de finanzas porque sus finanzas personales aumentaron en un año un 37% en dólares. Y a la Argentina en ese año la endeudó», sostuvo.

Más allá del cruce personal, Moretti concentró buena parte de sus críticas en el impacto que el actual esquema económico tiene sobre la industria. Afirmó que el sector atraviesa «un momento muy difícil» y consideró que las políticas oficiales terminan favoreciendo un proceso de desindustrialización.

«No hay políticas dedicadas a la industria, sino que se hacen políticas de desindustrialización», señaló. Para el empresario, la actividad manufacturera necesita de un entramado que incluye escuelas técnicas, universidades, organismos científicos y tecnológicos y un mercado interno fuerte. «No puede haber industria si no tenés escuelas técnicas, universidades, Conicet, INTI, mercado interno», planteó.

Moretti reconoció, de todos modos, que existen sectores que muestran una dinámica diferente y que cuentan con un fuerte respaldo oficial, especialmente la minería, la energía y el petróleo. Sin embargo, diferenció ese desempeño de la situación de la industria manufacturera en general, a la que describió como «muy muy difícil».

Caída de la actividad y pérdida de empleo

El diagnóstico del dirigente industrial se complementa con los indicadores difundidos por la propia UIA. La actividad manufacturera acumuló una caída del 2,2% durante la primera mitad del año, mientras que la contracción de la producción tuvo también consecuencias sobre el mercado laboral.

De acuerdo con los relevamientos sectoriales, alrededor de 52.000 empleos industriales directos se perdieron durante el último año. Rappallini, por su parte, señaló que desde agosto de 2023 la industria registra una pérdida de unos 90.000 puestos asalariados registrados y advirtió que la producción se encuentra por debajo de los niveles alcanzados en 2022.

«El problema es que la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad», sostuvo el titular de la UIA.

Rappallini también puso el foco en el aumento de los costos industriales y, particularmente, en la energía. Según explicó, numerosas empresas, especialmente pequeñas y medianas, recibieron facturas de gas y electricidad con incrementos muy significativos. La entidad reclama al Gobierno algún mecanismo que permita compensar el impacto de esos costos sobre la producción.

El titular de la UIA pidió además que el desarrollo de Vaca Muerta no quede limitado a la exportación de hidrocarburos, sino que pueda convertirse en una plataforma para impulsar también las exportaciones industriales argentinas.

Un reclamo con siete ejes

La posición institucional de la central fabril se expresó a través de una agenda que contempla la recuperación de la actividad y el crédito, la reducción del denominado costo argentino, medidas frente a la competencia desleal, el costo energético, la morosidad, la infraestructura y la modernización laboral.

En ese marco, Rappallini reclamó la construcción de un «puente» entre la economía que queda atrás y el modelo productivo que pretende consolidar el Gobierno.

También planteó la necesidad de avanzar hacia un pacto fiscal industrial que permita reducir la carga tributaria nacional, provincial y municipal. A la vez, advirtió sobre el peso de la competencia desleal y la presencia de productos que ingresan al mercado por circuitos irregulares.

La UIA, además, comenzó a impulsar espacios de diálogo con el movimiento sindical. Moretti destacó particularmente una mesa de trabajo realizada junto a la CGT y representantes gremiales, con el objetivo de analizar alternativas frente a la caída de la actividad y defender el valor agregado de la producción industrial.

La respuesta del Gobierno

Las críticas no quedaron sin respuesta. Caputo defendió el rumbo económico y sostuvo que el país atraviesa un proceso de «reconversión». El ministro rechazó la visión planteada por Moretti y afirmó que el Gobierno no toma sus decisiones en función de los intereses de determinados sectores empresarios.

Caputo también cuestionó el diagnóstico de la industria y sostuvo que existe una parte importante del empresariado que entiende que el escenario actual obliga a reconvertirse, adaptarse a una economía más abierta e invertir para ganar competitividad.

El Gobierno mantiene como pilares de su programa el equilibrio fiscal, la disciplina monetaria y la reducción de la inflación, objetivos que Milei volvió a reivindicar frente a los reclamos empresarios.

La interna que quedó expuesta

El contrapunto más significativo, sin embargo, se produjo dentro de la propia UIA. Rappallini buscó diferenciar la posición institucional de la entidad de las declaraciones de Moretti y dejó en claro que el vicepresidente expresó una mirada personal o vinculada a su representación provincial.

«Nosotros estamos de acuerdo con el orden macroeconómico, estamos de acuerdo con el equilibrio fiscal, estamos de acuerdo con bajar la inflación», sostuvo Rappallini. Y agregó que el principal reclamo de la industria pasa ahora por generar condiciones para volver a crecer.

El presidente de la central fabril remarcó que la UIA no está «en contra del Gobierno», sino que busca plantear una agenda específica para el sector. En esa línea, reconoció que «hay muchas cosas que se hicieron bien», aunque insistió en que la actividad industrial se encuentra estancada y necesita respuestas.

La diferencia con Moretti quedó así expuesta. Mientras el vicepresidente eligió un tono frontal para cuestionar a Caputo y denunciar un proceso de desindustrialización, Rappallini procuró mantener abiertos los canales de diálogo con el Gobierno y reivindicar algunos aspectos centrales del programa económico.

La discusión dejó al descubierto una tensión que excede el cruce entre dos dirigentes. Por un lado, la industria reclama recuperación de la actividad, crédito, energía a costos competitivos y protección frente a la competencia desleal. Por otro, el Gobierno sostiene que el camino pasa por la estabilidad macroeconómica, la apertura y la reconversión de aquellos sectores que no logren adaptarse al nuevo escenario.

En ese escenario, la UIA enfrenta el desafío de sostener una posición común mientras las distintas ramas y dirigentes de la entidad expresan miradas cada vez más diferentes sobre el rumbo económico. Moretti eligió confrontar; Rappallini, tender puentes. Y la interna industrial quedó expuesta.