Antonella Robledo (*)
Argentina lidera el consumo de azúcar de la región, cuadruplicando los gramos de azúcar diarios por habitante recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Disminuir este consumo excesivo es clave para luchar contra el crecimiento de la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas (como la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y enfermedades cerebrovasculares) que son la primera causa de muerte en el país. Algunos acontecimientos actualizaron la confusión sobre qué tipo de endulzante elegir, cuánto agregar y que tan perjudiciales son para la salud. Primero, la aparición de los octógonos negros que en los envases advierten del exceso de ingredientes crı́ticos, entre estos el azúcar, por la Ley de Etiquetado Frontal. Sin embargo, como indican las experiencias previas en Chile, Uruguay o México, es fundamental que se acompañen esas advertencias con una campaña educativa e informativa.
Segundo, el sello que advierte sobre la presencia de edulcorantes no recomendables para niños y niñas. Y tercero, en mayo de este año, la OMS desaconsejó el consumo de muchos de los edulcorantes quı́micos porque un tienen un impacto negativo en la salud.
La OMS sugirió que los edulcorantes acalóricos o bajos en calorı́as no se usen para controlar el peso ni reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. Esta recomendación es resultado de estudios que apuntan una asociación clara y significativa entre el consumo de edulcorantes y el incremento del peso, la diabetes tipo 2, la enfermedad cardiovascular, la hipertensión y la mortalidad por cualquier causa. Los edulcorantes peligrosos son: acesulfamo K, aspartamo, advantamo, ciclamato, neotamo, sacarina, sucralosa y derivados de stevia (glucósidos de esteviol).
A principios de este mes, la OMS volvió al asunto catalogando al aspartamo como “posiblemente cancerı́geno”. Con respecto a los edulcorantes, siempre se buscó que los niños estuvieran lejos de los mismos por tratarse de una sustancia quı́mica y artificial, pero a medida que fue incorporándose a productos descremados o bebidas en reemplazo de las azúcares se hizo elástica la aceptación del consumo a edades cada vez más tempranas.
Es en este marco, que considero importante sumarse a la Semana de la No Dulzura (del 24 al 31 de julio), una campaña de bien público que emergió en 2019 de la sociedad civil con el propósito de generar conciencia sobre la importancia de moderar el consumo de azúcar y promover una mejor educación alimenticia.
(*) Licenciada en Nutrición.










