
Los reclamos por las paritarias reabren las internas en el Frente de Todos. El funcionario cercano al Presidente cuenta con el respaldo de la CGT, aunque su renuncia está a disposición.
“Mi gran error con el sindicalismo fue no meter a La Cámpora en la CGT”. La reflexión salió de boca de Cristina Kirchner en una reunión con un puñado de dirigentes después de terminar su mandato en 2015. La afirmación quedó grabada a fuego en la memoria de quienes la escucharon y hoy la utilizan para explicar la reconfiguración del mapa del poder gremial y la dinámica de las discusiones salariales.
El conflicto con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna) refleja la incomodidad del kirchnerismo con la CGT y el Gobierno, del que paradójicamente son parte. Hubieran preferido estar del otro lado del mostrador.
“Cayó mal el apoyo a la patronal”, reconoce un referente K que participó de encuentros en los que se discutió solidarizarse con la protesta. Hasta La Cámpora evaluó emitir un comunicado, después de la amenaza de Sergio Massa de abrir las importaciones si no levantaban el bloqueo de las plantas.

El kirchnerismo pide la cabeza de Claudio Moroni desde hace tiempo. De hecho, ya estaba en la famosa lista de “funcionarios que no funcionan”. El amigo de Alberto Fernández sobrevivió aunque en su entorno deslizan que su renuncia está a disposición. Si no se ha corrido, hasta ahora, es por el respaldo de la CGT.
Se trata de un apoyo en defensa propia porque los sectores de “los Gordos” y “los independientes” están convencidos de que la vicepresidenta quiere en esa butaca a alguien de su paladar, como Mariano Recalde, detalló TN.









