REFORMAS PROFUNDAS. El Gobierno celebra su “semana histórica” en el Congreso

Bullrich con Karina Milei, Lule Menem y Diego Santilli festejaron en el balcón del Senado.

El oficialismo logró sancionar la Ley de Modernización Laboral y la reforma a la Ley Penal Juvenil. Manuel Adorni destacó el ritmo inédito de sesiones y presentó el período extraordinario como un éxito político. La Ley de Glaciares y un Congreso fragmentado.

El gobierno de Javier Milei celebró el viernes la aprobación definitiva de la Ley de Modernización Laboral y de la reforma a la Ley Penal Juvenil como una doble señal política en el cierre de las sesiones extraordinarias. En la Casa Rosada hablaron de una jornada “histórica” y destacaron que ambas sanciones consolidan la agenda estructural que el Presidente había anticipado para esta etapa de su gestión.
El debate en el Senado fue seguido de cerca por el ministro del Interior, Diego Santilli, que se instaló en el Congreso para monitorear el poroteo y coordinar la estrategia parlamentaria. Al igual que durante el tratamiento en Diputados, trabajó en articulación con el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, y el jefe del bloque libertario, Gabriel Bornoroni, y en esta instancia coordinó con la jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, para asegurar la sanción final de ambas iniciativas impulsadas por el Ejecutivo.
En la previa, Santilli había marcado el tono político que el oficialismo buscó imprimirle a la jornada. “Después de medio siglo, la Argentina avanza hacia una legislación laboral moderna, acorde a los desafíos actuales”, afirmó. Según el ministro, la reforma permitirá “incorporar a todos los argentinos que están en la informalidad” y “fortalecer a las economías regionales y a las provincias, generando condiciones reales para el crecimiento y la inversión”.
Sobre la reforma de la Ley Penal Juvenil, en tanto, Santilli destacó que el Gobierno “está cumpliendo con su compromiso: ‘el que las hace, las paga’”. Y agregó: “Hay que proteger a las víctimas y asegurar que los delitos de adultos tengan penas de adulto”. La baja de la edad de imputabilidad a los 14 y el nuevo esquema punitivo fueron presentados como parte de una política integral de seguridad que el oficialismo considera central para su identidad.



Un camino sinuoso, pero de éxito

La discusión de la Ley de Modernización Laboral, sin embargo, estuvo lejos de ser un trámite lineal. El proyecto atravesó semanas de negociaciones con gobernadores y bloques dialoguistas, concesiones en el articulado y momentos de tensión interna. El punto más crítico fue la incorporación del artículo 44, que modificaba el régimen de licencias médicas e incluía descuentos salariales para ausencias vinculadas a enfermedades atribuibles al empleado.
La redacción generó resistencia incluso entre aliados del oficialismo y obligó al Gobierno a retroceder. Finalmente, el artículo fue eliminado para garantizar los votos necesarios y evitar que el proyecto naufragara en el Senado. Esa marcha atrás permitió ordenar el frente parlamentario y cerrar la sanción sin sobresaltos en la votación final.
Pero el balance oficial de las sesiones extraordinarias no se limita a la reforma laboral y a la Ley Penal Juvenil. El jueves, el oficialismo también consiguió la media sanción de la reforma a la Ley de Glaciares, considerada estratégica por los libertarios para ampliar el margen de desarrollo minero en las provincias.
La lectura interna es que el oficialismo logró cerrar extraordinarias con una secuencia de votaciones que, pese a las tensiones iniciales, terminaron consolidando su capacidad de negociación. El Ejecutivo consiguió articular con bloques dialoguistas, ordenar su frente interno y evitar fisuras mayores en temas sensibles. En un Congreso fragmentado y sin mayorías propias, ese resultado es leído como una demostración de músculo político.
Con este escenario, Milei llega a la apertura de sesiones ordinarias de este domingo con la iniciativa política nuevamente en sus manos. En Balcarce 50 entienden que el cierre exitoso de extraordinarias no solo consolida la agenda legislativa del Ejecutivo, sino que le permite al economista libertario exhibir capacidad de gestión parlamentaria después de semanas atravesadas por el conflicto sindical, la presión opositora y la negociación voto a voto.