¡Recórchilis, qué atraso!

* Por Sergio Ghe

Me preguntaba cómo empezar esta nota sobre el atraso. ¿Cuándo empezamos a atrasar? Difícil saberlo, la realidad y la física nos lo suelen recordar. Aun así, hay quienes reniegan del tiempo. Piden micrófono, teorizan, cuestionan. Hablan para matar el tiempo, que siempre es el de los otros no el de ellos. Si por azar aciertan una, hablan más todavía. De ahí a creerse muy lince hay un trecho. Hasta un reloj estropeado tiene razón dos veces al día.
Todo esto empezó cuando el intendente Oliva quiso iluminar a la provincia con una declaración como para dejar “papando moscas” al más “avispado”. Oliva afirmó que su jefe político es Eduardo Lauritto, quien tendría tres opciones en la futura política de por acá cerca: 1: postularse a la Intendencia. 2: lanzarse a la Gobernación; 3: ofrecerse como Vicegobernador de la señora Stratta. Le faltó una cuarta: ponerse un puesto de choripanes en la costa.
Algunos lo leyeron como un panegírico pícaro para ocultar una estocada, algo así como: “el Pato está regalado” o, siguiendo con el léxico del atraso, que “cualquier colectivo lo deja bien”. Pero ojalá el atraso que reflejan estos dichos se refiera solamente a estas expresiones. El problema es lo que se omite. Mejor hablar de cargos y no de ideas, de una Concepción del Uruguay con alta conectividad, que fomente el desarrollo de las personas, de los jóvenes, mejorando su empleabilidad, su capacidad para aprender y emprender, que nos relacione con el mundo de la denominada Humanocracia, de la sustentabilidad ambiental, de la existencia en felicidad, de un mundo en red, de la economía circular, de las finanzas descentralizadas y su emergente, el internet persona a persona, que crea que las ciudades tienen mucho muchísimo que ver en el futuro de las personas.
¿Hay alguien en el peronismo vernáculo que planteé algo parecido o que obre en consecuencia? Veremos. Por lo pronto, la alabanza sirve de paraguas.
Hablemos de bien de un “notable”, cuya probidad y honorabilidad no necesitan ser demostradas. De paso digamos de refilón que su figura perdió relevancia, que el PJ necesita un líder fuerte, un macho alfa, joven, audaz.
De todas maneras, no estaría de más, que El Jefe, vaya con tiempo buscando mejores subordinados que se hagan cargo de los intereses y las expectativas de los uruguayenses. Y que levante un poco la puntería, de paso. Que ubique a alguien que sea capaz de generar, aunque sea la mínima esperanza, de que no todo está perdido para los pobres ciudadanos de esta ciudad. Tiene hasta el 2023.



Hablar del pasado o escribir el futuro
Las expresiones del “Lord Mayor” de nuestra ciudad revelan un anquilosamiento mental y el problema serio de la política en general: no leen, no saben en qué está el mundo y por lo tanto en qué están las expectativas de las personas; cuales son simples deseos del momento y cuáles son las necesidades profundas de las personas y de la comunidad; están imposibilitados de distinguir lo esencial. Y lo esencial es tratar de, en sus dominios, hacer cosas que atemperen la exclusión social a través de generar herramientas (que las hay y gratis) de superación personal. Y esto no siempre tiene que ver con la pobreza. La exclusión es algo peor porque no tiene que ver necesariamente con el ingreso.
Pero lo realmente aterrador es que, dado el estado actual de la política, estas ideas viejas antes de nacer tienen, quizás, alguna chance de crecer, al menos entre la dirigencia.
Nunca se puede ir al futuro caminando para atrás. Esta ciudad necesita desesperadamente conectarse con el futuro y con los jóvenes. Como dijo alguien: Si no sabe qué decir, mejor no diga nada. En boca cerrada no entran moscas, dirían hace 50 años. Una recomendación actual podría sintetizarse: Si tiene algo que decir, no lo diga: ¡escríbalo!