PICASSO Y DALÍ. Una amistad dinamitada por la política

“Picasso y yo” recopila cartas inéditas, escritos y declaraciones del propio Dalí.

En abril de 1926, Salvador Dalí conoció a Pablo Picasso en París. Ese encuentro fue el inicio de una de las relaciones más complejas de la historia del arte del siglo xx. Si se la puede calificar de amistad, ésta no estuvo exenta de rivalidad, mezcla de admiración y celos. Con el tiempo, la fascinación del joven Dalí por el arte del “maestro” se fue transformando casi en una obsesión, mientras que la aparente indiferencia de Picasso ocultaba un interés evidente por la carrera meteórica del ambicioso Dalí. Finalmente la difícil mezcla de admiración y envidia acabó distanciándolos y sus divergentes posturas respecto a la Guerra Civil truncaron definitivamente la posibilidad de un acercamiento.
No es poco lo que se ha escrito sobre los encuentros entre los dos gigantes de la pintura, casi todo marcado por los tópicos y por la leyenda que se fue creando entorno a uno y otro, y que ambos, a su manera, contribuyeron a alimentar.
“Picasso y yo”, título que procede de la más sonada de las conferencias que Dalí pronunció acerca del arte de Picasso, es un intento de glosar en 200 páginas la relación que existió entre ellos, partiendo tanto del epistolario completo –con una única postal firmada por Picasso a Dalí– como de los textos que Dalí le dedicó al pintor malagueño.
Las cartas, los escritos del propio Dalí y las declaraciones –hasta la fecha inéditas–, de testigos de primera mano, recogidas en el estudio preliminar de Víctor Fernández, son el material más vivaz y fidedigno para construir el relato de su amistad.



Enemigos íntimos

El 8 de abril de 1973, cuando Salvador Dalí supo del fallecimiento de su Picasso y quiso que su saludo final fuera en privado, lejos de los escenarios que tan afines eran su causa publicitaria.
“Dalí sopesó acercarse a Mouguins, donde se encontraba el castillo-taller en el que iba a enterrarse a Picasso. Lo haría acompañado de Gala, pero evitando los focos. Pero aquello era una misión imposible. Los periodistas rodeaban la última morada picassiana y la ya viuda del maestro, Jacqueline Roque, había decidido que sería un acto extremadamente privado, sólo para los amigos más íntimos.
Dalí tuvo que conformarse con enviar una corona de flores que fue lanzada por la ventana en cuanto Jacqueline la vio en una de las estancias de la casa. Era como si a Dalí le prohibieran la entrada a un lugar que nunca pisó.
De esta manera se ponía punto y final a una de las relaciones más controvertidas y peculiares que dio el mundo del arte durante el siglo pasado. Dos autores de fama universal que llegaron a tener cierta amistad, pero que las circunstancias que les tocaron vivir, especialmente las políticas, se encargaron de acotar, en ocasiones con tintes paródicos.
Con todo, ambos fueron dejando pistas que permiten que hoy podamos adentrarnos mejor en un terreno que ha sido fértil en polémicas, sobre todo a partir de 1948, cuando Dalí se instaló definitivamente en la España de Franco y Picasso ya se había convertido, como contraposición, en el principal estandarte del exilio y la oposición al régimen”.