Pasión y vida por los colores del club

El fútbol uruguayense es una fuente permanente de jugadores, de partidos atractivos, de hechos que son históricos y de otros que van camino a serlo. En ese combo también la dirigencia ha tenido (y tiene) un rol fundamental, trabajando para brindar recursos que redunden en las condiciones adecuadas para la práctica de cualquier deporte en cada una de las instituciones de nuestra ciudad.

Una de esas disciplinas, el fútbol, es una fuente inagotable de dirigentes, de viejos y jóvenes que laburan en sus clubes, restando horas a sus familias y a su descanso. Un ejemplo claro de todo esto es Luis Bonus. Su nombre está asociado, inevitablemente, con Atlético Uruguay, juntos van de la mano, caminando hace casi 60 años el mismo sendero, de alegrías, penas, amarguras y felicidades. Todas plenas, genuinas, de verdadero amor por lo que se hace y se siente desde el corazón.

Luis cuenta que, “ando en Atlético desde 1968. Ingresé en la comisión directiva muy, muy joven, a los 18 años, tanto es así que me denunciaron a Personería Jurídica porque no tenía la antigüedad necesaria como socio, a pesar de que lo era desde 1965. A partir de 1969, hace 52 años, soy delegado del club en la Liga. Hice dos funciones cuando estuvo AFIRU (Fútbol Infantil del Río Uruguay) y después con el fútbol infantil de la Liga, en la primera presidencia de Galotto. Hice las dos cosas, secretario y delegado del club”. Para graficar la trayectoria de Bonus en su club basta decir que ha estado en la Liga mucho más tiempo que el recordado Galotto, con 33 años al frente.

Asombrosamente, Bonus cuenta que nunca jugó al fútbol. “Soy dirigente, sí, desde los 18 años pero nunca jugué. Fui secretario y prosecretario, la mayoría de las veces, salvo en el 1995, cuando asumí como presidente, el 26 de mayo de ese año”.

Nos quedamos en Atlético y su visión del club, desde los viejos dirigentes a los actuales: “El club está en pleno crecimiento y seguirá creciendo. Estamos cerca de dar el gran salto, se ha invertido más de lo que se pensaba en infraestructura y en el fútbol, va a llegar cuando el club este firme institucionalmente”. Ese fútbol, el nuestro, el local, que para el “fútbol uruguayense, en general, se ha emparejado como todo el fútbol, para abajo, no hay tanta diferencia; cualquiera le gana a cualquiera”.

Pero en ese sentido, con la experiencia de años sobre el lomo, de participar en grandes campañas, de ser testigo y motorizador de varias de ellas, Bonus afirma que el gran salto a nivel nacional de su Decano, “llegará sólo, casi como un trámite. Ahora hay que seguir creciendo institucionalmente, en la infraestructura que otorgue la garantía de poder sostenerse, no estar dos años y volver. Cuando llegás, tenás que estar firme y con recursos propios. En eso estamos y creemos que lo vamos a hacer”.

Del club de sus amores elige tres dirigentes, para él los más notorios en los más de 100 años de la institución. “El primero fue Simón L. Plazaola, sin ningún lugar a dudas. El segundo es Sergio García, con una fiesta inolvidable para todos los decanos en sus 100 años y, además, terminó de construir la tribuna. Y Leandro Clapier, con una mirada más moderna, luchamos mucho antes de vender la sede. La vendimos y se realizó un proyecto que está casi terminado”.
Y en ese juego de nombrar tres, cuando pasás a los jugadores la cosa se hace mucho más difícil porque Atlético fue (es) una fuente inagotable de jugadores, con una cantera que regaló jugadores de brillo, que pusieron al fútbol local en los primeros planos, dibujando emociones, bellezas y goles en canchas de todo el país. Pero Bonus no duda, no titubea para nada a pesar del amplio abanico de apellidos ilustres que jerarquizaron la camiseta, se muestra firme y desgrana tres nombres: “El más grande fue Pocholo Giano. Le vi hacer cosas increíbles. El otro, José Velázquez, y el último, Chiquín Portillo. Hay muchos más pero esos tres me hicieron emocionar dentro de una cancha”.

De eso se trata el fútbol, el nuestro, el de cada día, de emociones, de vidas ligadas en el amor a un club, a un barrio, a la pasión por los colores que resta horas de ocio y de familia, que suman preocupaciones y necesidades urgentes a resolver. Instituciones que han crecido y lo siguen haciendo gracias al trabajo silencioso y pocas veces no reconocido, de esta gente, de todos esos “Bonus” que “ponen el cuerpo” en nuestros clubes.
A Luis si le tocó hace poco un merecido reconocimiento, como el mismo cuenta: “Es un aliciente que el complejo de fútbol cinco del club lleve mi nombre. En esto quiero agradecer que se acordaran de mí. Me han tratado con cariño y me siguen tratando con respeto, y que te reconozcan me genera mucha alegría”.

Pocholo y el gol

Luis recuerda una anécdota con uno de los mejores jugadores que vio. “Un día, como todos los domingos, estábamos juntando leña, calentando el agua para la caldera del club. Era muy chico, dando mis primeros pasos en el club. En eso viene Pocholo Giano y me dice: ‘Luis hoy te voy a dedicar un gol, va a ser a los pocos segundos de iniciado el partido. Si ganamos el sorteo y sacamos, será en el primer tiempo, y si no será en el segundo tiempo’”.
¿Y cómo lo vas a hacer?, preguntó un joven Bonus. “Mirá… el Turco Atan me la va a tocar y le voy a pegar de media cancha, porque el arquero de Gimnasia siempre arranca adelantado. Le digo al Turco que me la levante un poquito y le pegó de media cancha…”. ¡Y así fue!
Como si estuviera viendo todavía cómo la globa entra, Luis termina el recuerdo con emoción, “son cosas que no se olvidan más”.