Bautismo
En la parroquia San Vicente de Paúl fue ungida con los óleos bautismales Elena Miño.
Catálogo digital
Desde el Museo Provincial de Bellas Artes Pedro E. Martínez y la Secretaría de Cultura de Entre Ríos comunicaron que las nuevas obras, que integran el Salón de Artes Visuales, ya se encuentran reunidas y disponibles para su visualización en formato digital. En la presente edición, se exhiben 107 obras de 72 artistas de 21 localidades de Entre Ríos. Quienes estén interesados, pueden recorrer las obras ingresando al siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/1KlabiWEuQKHOZT_QcImPLihpi2myEPx0/view
Santoral
Los católicos recuerdan hoy a San Faustino Miguez, presbítero y fundador. Nació en 1831 en Xamirás, una de las trece aldeas pertenecientes a Acebedo del Río, provincia de Ourense. Creció en un ambiente familiar enmarcado por una gran fe en Dios, la oración, la devoción a María, la solidaridad con los más necesitados y el trabajo. En su juventud, y sintiéndose llamado al sacerdocio, estudia en el santuario de Nuestra Señora de los Milagros, en la provincia de Ourense. Allí su vida fue regada con un agua viva, regalo de Dios, que hizo brotar en su interior valores humano-religiosos y profundas convicciones. Todo ello le modeló para acoger la llamada de Dios a entregar su vida. Conoció allí a un sacerdote escolapio, familiar de uno de los compañeros a los que ayuda en el estudio. El encuentro supuso para Manuel (su nombre de pila) descubrir una nueva dimensión de la elección divina: ser sacerdote y, además, maestro-educador, para identificarse así con Jesús que amó, enseñó y recibió a los niños. Y, todo según el espíritu de José de Calasanz, la respuesta de Manuel fue: ¡Sí, Señor! Ingresó en el Noviciado de las Escuelas Pías de Madrid en diciembre de 1850. Fue entonces cuando cambió su nombre de Manuel por el de Faustino de la Encarnación. Hizo su profesión de votos solemnes el 16 de enero de 1853 y fue ordenado sacerdote el 8 de marzo de 1856, en la parroquia de San Marcos de Madrid. En 1857 fue enviado a la nueva fundación escolapia de Guanabacoa, en Cuba, donde permaneció durante casi tres años. En esa población se manifestaron sus dotes de educador y sus inclinaciones a la botánica y al estudio de las propiedades terapéuticas de las plantas. En 1860 regresó de nuevo a España y fue destinado a los colegios de San Fernando, Getafe y Celanova. En 1869 llegó a Sanlúcar de Barrameda y permaneció allí hasta 1873. Salió para desempeñar el cargo de bibliotecario en el Real Monasterio de El Escorial, donde aprovechó para seguir investigando las propiedades curativas de las plantas. Posteriormente, fue enviado a Monforte de Lemos (Lugo), para desempeñar el servicio de rector. En 1879 fue destinado por segunda vez a Sanlúcar de Barrameda. Así como Calasanz vio la necesidad de escolarizar a los niños de las calles de Roma, Faustino Míguez descubrió esa misma necesidad en las niñas de Sanlúcar. Impulsado por el Espíritu, dio respuesta a esa necesidad e inició una nueva obra: la Congregación de Hijas de la Divina Pastora, con el fin último de dedicarse a la educación integral de la infancia y juventud. En 1888 retornó a Getafe y allí permaneció hasta su muerte, durante 37 años. Jubilado como maestro, siguió su actividad científica y como director espiritual. Murió a los 94 años en Getafe en 1925.









