Ningún ajuste

Carlos Heller

Nosotros no somos partidarios del déficit fiscal, lo que somos es enemigos del ajuste. Incluso, durante la presidencia de Néstor Kirchner, nuestro país llegó a tener superávit fiscal y ello no significó ni ajuste ni políticas contrarias a los intereses populares. La Argentina, según el programa de Facilidades Extendidas que comenzó a acordarse con el FMI, recibirá por cada vencimiento del crédito anterior, un préstamo para pagar lo que vence. Para cada uno de esos desembolsos se establece un período de repago de 10 años, con cuatro años y medio de gracia. Por lo tanto, hasta el segundo semestre de 2026 no tendremos que hacer ningún tipo de pago al Fondo. El total que nuestro país recibirá equivale al monto del préstamo por más de 44.500 millones de dólares que recibió el gobierno anterior. De aquí al 2026, todos los recursos que se generen podrán ser destinados a fortalecer la economía en general, la situación de los sectores más vulnerables en particular, el desarrollo de la infraestructura y todo aquello que se necesite para seguir avanzando en un desarrollo sustentable. Es lo que el gobierno venía planteando: crecer, que ese crecimiento redunde en mayores ingresos fiscales y, estos últimos, contribuyan a reducir el déficit fiscal y a atender, cuando se produzcan, los vencimientos de deuda sin que se someta a los argentinos a nuevos ajustes. También la coalición gobernante ha señalado la necesidad de sumar al crecimiento de la economía la transformación del sistema impositivo, para volverlo más progresivo y que, por lo tanto, paguen más los que más tienen y menos los que menos tienen. Un reciente trabajo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) afirma en el mismo sentido: “Es crucial aumentar los niveles de recaudación y mejorar la estructura tributaria para dar sostenibilidad fiscal a una trayectoria creciente de demandas de gasto”. No dice que hay que achicar el gasto: dice que hay que recaudar más para gastar más, porque continúa habiendo muchas necesidades insatisfechas. Por supuesto: hay cosas que son difíciles de aceptar. Por ejemplo, las revisiones trimestrales por parte del FMI. Pero, a diferencia de los acuerdos anteriores, donde la Argentina aceptaba condicionalidades, el actual no contiene políticas de ajuste y sí un incremento del gasto real en las partidas en obra pública, en ciencia y tecnología y en los programas sociales focalizados, entre otros.