Por: Agustín Bordagaray (*)
La caída de los recursos, la inflación y el freno de la obra pública aumentan la presión sobre los gobiernos locales. Agustín Bordagaray analiza el impacto de la crisis en los municipios y plantea la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre el Estado, las instituciones, los trabajadores y la comunidad.
La crisis se siente primero en la cuadra: una calle que espera arreglo, una familia que no llega a fin de mes, un centro de salud con más demanda y menos recursos. Por eso, cuando hablamos del ajuste, no alcanza con mirar los números nacionales; también hay que preguntarse qué pasa con los municipios, la puerta más cercana entre el Estado y la comunidad.
En Entre Ríos, las municipalidades enfrentan una presión doble: la caída de recursos nacionales y las decisiones de la Provincia sobre transferencias y obras. Sin embargo, conviene ser precisos: no todos los municipios pierden lo mismo, ni cada baja de ingresos responde a una decisión directa.
Los recursos directos: Menos ingresos para lo cotidiano
La coparticipación a la baja es uno de los factores que afectan las cuentas municipales. Cuando cae la recaudación nacional o se achican los impuestos coparticipables, se reduce la masa de dinero que se reparte a los municipios. A esto se suma el peso de la inflación: con la misma cantidad de pesos, los gobiernos locales pagan hoy menos salarios, combustible, materiales y servicios.
Durante el gobierno de Javier Milei se recortaron programas, transferencias y se frenaron obras públicas, lo que termina aumentando la presión sobre las arcas municipales.
Los recursos indirectos: El costo invisible
Cuando una familia destina más dinero a tarifas y alimentos, consume menos en los comercios locales, lo que resiente la recaudación propia de tasas municipales. A su vez, al detenerse la obra pública, se frena el empleo y el movimiento económico general.
Ante el recorte de políticas sociales, las personas recurren directamente a las áreas municipales en busca de ayuda y contención, sin que los municipios reciban los fondos necesarios para cubrir esas demandas.
De prestadores de servicios a organizadores de la comunidad
Hoy los municipios ya no son solo los encargados de recolectar residuos o alumbrar plazas: se han convertido en la primera ventanilla de reclamos por empleo, salud, vivienda y servicios.
La salida ante este escenario no es dejar sola a la municipalidad ni reemplazar al Estado con la buena voluntad aislada, sino construir una Comunidad Organizada: trabajadores, instituciones, empresas y gobiernos articulando objetivos comunes.
«Un gobierno local no puede resolver por sí solo la pobreza, la inflación ni el freno de la obra pública. Pero sí puede liderar, escuchar, ordenar prioridades y evitar que cada sector enfrente la crisis por separado.»
En tiempos de ajuste, el municipio debe dejar de ser una simple ventanilla de problemas sin herramientas para transformarse en un Estado cercano que cuida lo común, defiende sus recursos y convoca a construir soluciones.
(*) Contador y presidente del Directorio de la Dirección General de Servicios Sociales para el Personal Municipal (DGSSPPM)










