Malvinas. Memoria, compromiso y futuro

A 44 años, malvinizar es una decisión política y cultural. No es una fecha, es una gesta.

Por Juan Martín Garay (*)

Cada 2 de abril, en el marco del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, la Argentina recuerda una de las páginas más intensas y movilizadoras de su historia reciente. Pero Malvinas no es solo memoria. Es una gesta.



Una gesta que no puede quedar atrapada en el pasado ni reducida a un acto conmemorativo. Porque lo que ocurrió en 1982 no fue únicamente un hecho bélico: fue la expresión de una causa histórica, profundamente arraigada en la identidad nacional.

Recordar, entonces, no es repetir. Es comprender. Y comprender implica asumir que Malvinas sigue siendo una deuda, una bandera y una responsabilidad colectiva.

Malvinizar: una decisión, no un discurso

Malvinizar no es una consigna vacía. Es una tarea activa. Es sostener en el tiempo una conciencia nacional sobre la soberanía, no desde la nostalgia, sino desde la construcción de futuro.

Es incorporar la causa en la educación, en la cultura, en el debate público y en la formación de ciudadanía. Pero también —y esto es central— es transformarla en políticas públicas concretas.

En ese sentido, desde el ámbito local hemos dado un paso significativo: la aprobación de la Ordenanza N° 11.698 del Honorable Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay, impulsada por el bloque “Juntos por Uruguay” del Partido Justicialista.

Esta norma adhiere a la Ley Nacional N° 27.671 y establece la capacitación obligatoria, periódica y permanente sobre la Cuestión Malvinas para todos los agentes del Estado municipal.

No es un gesto simbólico. Es una decisión política. Porque cuando el Estado se forma, se capacita y reflexiona sobre Malvinas, la causa deja de ser solo evocación y se convierte en acción. Malvinizar es, en definitiva, elegir no olvidar, elegir no ceder, elegir no resignar.

El reconocimiento a quienes participaron en la guerra debe ser integral: a los excombatientes, a los caídos, a sus familias.

Pero también es necesario ampliar la mirada. Porque a Malvinas no fueron solo varones. También hubo mujeres. Mujeres que desempeñaron roles fundamentales, muchas veces en silencio, muchas veces sin reconocimiento.

Su participación fue real, concreta y valiosa. Sin embargo, la historia reciente no siempre las incorporó con justicia. Malvinizar también es reparar esa invisibilización. Es reconstruir la memoria completa de la gesta.

 

Memoria que interpela

Los veteranos no representan solo el pasado. Son presente. Su testimonio no es únicamente recuerdo: es interpelación.

Nos obligan a preguntarnos qué hacemos hoy con esa historia, cómo la proyectamos y qué lugar le damos en nuestra identidad como Nación.

La memoria, cuando es auténtica, no es pasiva. Moviliza. Y en el caso de Malvinas, esa movilización debe traducirse en conciencia, en educación y en compromiso sostenido.

También en decisiones institucionales, como la de formar a quienes ejercen la función pública para que comprendan en profundidad la dimensión histórica, jurídica y política de la causa.

Soberanía: firmeza, derecho y perseverancia

La causa Malvinas no admite ambigüedades. La Argentina debe sostener su reclamo de soberanía de manera firme, permanente y pacífica, en el marco del derecho internacional y de las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas.

No se trata de resignar, sino de persistir con inteligencia. No de confrontar sin sentido, sino de sostener una posición clara, coherente y legítima.

El diálogo con el Reino Unido no es una opción débil: es una herramienta necesaria. Porque la legitimidad histórica y jurídica de nuestro reclamo es incuestionable.

Una causa viva

Malvinas no pertenece al pasado. Es presente y es futuro. Es una causa que atraviesa generaciones y que exige compromiso permanente.

No alcanza con recordarla una vez al año: hay que sostenerla todos los días. En la educación, en la política, en la cultura y también en la gestión pública.

La Ordenanza 11.698 es, en ese camino, un ejemplo concreto de cómo se puede malvinizar desde el Estado: formando, sensibilizando y construyendo conciencia colectiva.

Malvinizar es eso: convertir la memoria en acción. Mantener viva la llama de una causa que define parte de lo que somos como país. Por eso debemos tener siempre presentes que las Islas Malvinas fueron, son y serán eternamente argentinas. ¡Viva la Patria!

(*) Abogado y Concejal. Vicepresidente 1° del HCD de Concepción del Uruguay. Presidente del Bloque “Juntos por Uruguay” – P J.