Los dos federalismos. Cómo funciona realmente la caja de los municipios

Por Pablo Presas (*)

Cuando se habla de federalismo en Argentina, muchas veces se lo presenta como un sistema ordenado y automático de distribución de recursos entre Nación, provincias y municipios. Pero en la práctica, el funcionamiento real es bastante más complejo.

En realidad conviven dos federalismos al mismo tiempo. Uno institucional, automático y reglado por leyes y constituciones. Y otro político, financiero y discrecional, basado en transferencias extraordinarias, programas específicos y capacidad de negociación.



Entender esa diferencia ayuda muchísimo a comprender cómo funciona verdaderamente la economía municipal.

Cómo funciona el sistema automático

Los municipios entrerrianos reciben recursos automáticos tanto de Nación como de Provincia. En términos simples, una parte de los impuestos nacionales que recibe Entre Ríos se redistribuye automáticamente entre los municipios. Lo mismo ocurre con determinados impuestos provinciales.

La Constitución de Entre Ríos de 2008 estableció además garantías mínimas obligatorias: al menos el 16% de los recursos nacionales coparticipables sin afectación específica debe distribuirse a municipios, mientras que al menos el 18% de los ingresos tributarios provinciales también debe repartirse automáticamente.

Luego esos fondos se distribuyen mediante índices objetivos que combinan partes iguales, cantidad de electores, recursos propios municipales y niveles de necesidades básicas insatisfechas.

En la distribución automática de recursos nacionales, Paraná participa con aproximadamente el 15% de la masa municipal total, Concordia con cerca del 9%, Gualeguaychú con algo más del 5% y Concepción del Uruguay con alrededor del 4,5%.

Sin embargo, al analizar la distribución de impuestos provinciales, aparecen algunas diferencias interesantes. Paraná supera el 24% de participación, Concordia ronda el 14,5%, mientras que Gualeguaychú y Concepción del Uruguay se ubican relativamente cerca, con aproximadamente 6,6% y 6,1% respectivamente.

Ese dato es particularmente relevante porque muestra que el peso relativo de Concepción del Uruguay dentro de la economía provincial resulta bastante mayor al que reflejan únicamente las variables poblacionales o electorales utilizadas en la distribución nacional. Particularmente en el componente vinculado al Convenio Multilateral, asociado a actividad económica formal interjurisdiccional, la ciudad muestra un desempeño relativamente fuerte dentro del contexto provincial.

La evolución reciente de la distribución automática también ayuda a entender la magnitud del sistema. Durante 2024, Concepción del Uruguay recibió aproximadamente $17.800 millones por distribución automática de recursos nacionales y provinciales. En 2025 esa cifra superó los $25.300 millones, mientras que solo entre enero y abril de 2026 el municipio ya había recibido cerca de $10.000 millones.

En el cuadro adjunto se pueden apreciar en forma discriminada las distribuciones automáticas tanto por impuestos nacionales como provinciales que le correspondieron a Concepción del Uruguay durante los años 2024, 2025 y enero-abril del corriente 2026.

Tomando únicamente el primer cuatrimestre, entre enero-abril de 2025 y el mismo período de 2026, la distribución automática creció aproximadamente un 35,7% nominal. Considerando la desaceleración inflacionaria y una inflación interanual cercana al 32% según el IPC-INDEC, puede afirmarse que dicho crecimiento se ubicó aproximadamente en línea con la inflación, mostrando una relativa estabilidad en términos reales.

Por supuesto, existe cierta volatilidad mensual, ya que hay meses donde los ajustes de garantía constitucional aportan cientos de millones adicionales y otros donde prácticamente desaparecen. Eso ocurre porque la Provincia primero distribuye diariamente la coparticipación ordinaria y luego, cada dos meses, compensa diferencias para asegurar el piso constitucional garantizado a municipios.

Cómo funciona el sistema político

Pero la coparticipación automática explica solo una parte del sistema.

Si la propia Constitución Provincial garantiza automáticamente “solo” el 16% de los recursos nacionales y el 18% de los provinciales para municipios, eso significa que el resto de los recursos queda bajo administración y decisión política del gobierno provincial.

Es decir, la propia arquitectura constitucional deja un margen muy amplio para la política fiscal discrecional.

Ahí aparecen programas provinciales, convenios, subsidios, ayudas extraordinarias, adelantos financieros, obras públicas, aportes del Tesoro, asistencia para déficits, financiamiento específico, maquinaria, emergencias climáticas y múltiples mecanismos de apoyo directo a municipios.

La misma lógica existe entre Nación y provincias: además de la coparticipación automática, existen ATN, programas especiales y transferencias discrecionales.

Y es justamente en esta segunda capa donde el peso político, las relaciones institucionales y la capacidad de gestión pasan a ser determinantes.

Porque esos recursos no se distribuyen mediante fórmulas automáticas ni índices fijos. Se “capturan” políticamente.

En algunos casos mediante capacidad técnica para presentar proyectos, gestionar programas o sostener vínculos institucionales. Y en otros, directamente a través del peso político que tenga una ciudad dentro del esquema provincial o nacional.

Por eso, en Argentina, la fortaleza política de una ciudad muchas veces termina siendo tan importante como su fortaleza económica.

Un cambio silencioso

Durante muchos años, distintos gobiernos nacionales y provinciales tuvieron una fuerte presencia mediante programas, transferencias específicas, obra pública y asistencia directa por fuera de los mecanismos automáticos de coparticipación.

Sin embargo, en los últimos años ese volumen de recursos discrecionales parece haberse reducido significativamente, especialmente desde el gobierno nacional.

Eso no implica que hayan desaparecido. Por el contrario, continúan existiendo y siguen siendo muy importantes para los municipios.

Pero justamente esa reducción relativa también vuelve mucho más competitiva la disputa por captar esos recursos disponibles.

Y en ese contexto, el peso político, la representación institucional y la capacidad de gestión de cada ciudad pasan a ser todavía más determinantes para acceder a una mayor porción de programas, obras y asistencia extraordinaria dentro del esquema provincial y nacional.

La importancia de tener peso político propio

Y justamente por eso, el peso político relativo de cada ciudad dentro del esquema provincial y nacional probablemente adquiera todavía más importancia hacia adelante.

Aunque hoy el volumen de programas y transferencias discrecionales parece menor al que existía durante gobiernos anteriores, esos recursos continúan siendo muy importantes para los municipios.

Obras públicas, financiamiento especial, programas de infraestructura, aportes extraordinarios o asistencia para proyectos estratégicos siguen dependiendo, en gran medida, de decisiones políticas y administrativas.

Y allí el peso político propio de cada ciudad pasa a ser determinante.

No alcanza solamente con administrar bien los recursos automáticos o con tener una economía local dinámica. También resulta fundamental contar con representación, influencia y capacidad de gestión dentro de los ámbitos provinciales y nacionales donde se definen esas asignaciones.

La experiencia histórica de Concepción del Uruguay muestra claramente esa realidad.

Cuando la ciudad logró tener dirigentes con fuerte peso institucional dentro del gobierno provincial, como ocurrió durante períodos donde contó con un vicegobernador propio y una importante representación política, también logró acceder a una cantidad significativa de obras, programas e inversiones que difícilmente hubieran llegado únicamente por la vía automática de coparticipación.

Y probablemente esa sea una de las principales conclusiones que deja el análisis del sistema actual: el verdadero federalismo argentino no funciona solamente a través de fórmulas automáticas.

Funciona también a través del poder político, la representación institucional y la capacidad de cada ciudad para hacerse escuchar y disputar recursos dentro del esquema provincial y nacional.

Porque, en definitiva, las ciudades no solo compiten económicamente. También compiten políticamente por captar una mayor porción de los recursos discrecionales disponibles.

(*) Concejal y Economista