Diversos estudios científicos advierten que muchos de los grandes deltas fluviales del planeta se están hundiendo a un ritmo mayor que la subida del nivel del mar, un fenómeno impulsado por la actividad humana que agrava los riesgos costeros y amenaza regiones densamente pobladas.
Investigaciones publicadas en la revista Nature, basadas en datos satelitales de alta resolución, indican que más de la mitad de los deltas analizados experimentan una subsidencia (hundimiento del terreno) significativa, en algunos casos de varios centímetros por año. Esta pérdida de altura supera las estimaciones clásicas de riesgo costero y se combina con el aumento del nivel del mar, generando un «aumento relativo» que intensifica las inundaciones incluso sin tormentas extremas.
El fenómeno no es uniforme y depende de factores locales, siendo la acción humana un determinante clave. La extracción intensiva de aguas subterráneas compacta los sedimentos, mientras que presas y canalizaciones río arriba reducen el aporte natural de materiales que históricamente compensaban el hundimiento. Sin este flujo de sedimentos, los deltas pierden su capacidad de autorregeneración.
Las consecuencias ya son visibles: facilitan la intrusión de agua salada en acuíferos, degradan suelos agrícolas y aumentan la frecuencia de inundaciones crónicas, afectando a millones de personas. Los científicos advierten que, sin cambios en las prácticas de gestión del agua y el territorio, la situación podría volverse irreversible en algunas zonas, generando pérdida de tierra y desplazamientos incluso si se estabiliza el nivel del mar.
Las publicaciones subrayan que existen márgenes de acción, como reducir la extracción de aguas subterráneas, restaurar el transporte de sedimentos y planificar el desarrollo urbano con visión a largo plazo, decisiones políticas y sociales cruciales para la supervivencia de estos ecosistemas en los próximos años.










