Tocó con todos: Pappo, Charly, Spinetta. En su nueva saga Lebón & Co. lo sigue haciendo con Páez, Julieta Venegas, Eruca Sativa, Calamaro, Soledad Pastorutti y Sandra Mihanovich. Ayer arribó a sus 70 primaveras.
La voz de David tiene algo mágico. Cantando en español, resuena -con límpido registro tenor- el color de un bluesman. El mismo swing florece en la yema de sus dedos sobre el diapasón de la guitarra. Su vibrato, sus cuerdas estiradas, sus pausas y silencios, son correlato de su canto, de ese fluir sensual con que él supo surfear la vida, el arte, la música. Como guitarrista es un orfebre fino que detecta la respiración de la melodía.
Por eso cada solo suyo es una canción en sí misma, con aura, que abre espacios. Tamañas energías y dones lo trajeron hasta aquí, a sus siete primeras décadas, con un bagaje de canciones lugares, amigos, historias, ciudades. Más allá de las bandas que lideró, el aporte de Lebón en todos los casos fue un plus clave. En Pappo’s Blues (bajo y guitarra rítmica), Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll (guitarra), Color Humano (batería y coros), Espíritu (teclados), Los gatos (voz y guitarra) sus colaboraciones con Sui Géneris, Claudio Gabis, y más acá con Enanitos Verdes, Fito Páez, Alejandro Lerner, Julia Zenko, Andrés Calamaro, Spinetta solista, Pedro Aznar –entre otros– su presencia sumó un “esmowing” (al decir publicitario del viejo comercial de ginebra) que iluminaba al resto.
Párrafo aparte merecen dos formaciones que tuvieron al ‘Ruso’ como miembro fundacional e imprescindible: Pescado Rabioso y Serú Girán. Fue así co-equiper de los dos grandes del rock nacional. Y en esa conjunción, la sinergia desató tormentas de arte, himnos. El rey David fue bendecido con inusual instinto para la policromía vocal. Sus armonías vocales en ciertas canciones lograron eso que las convirtió en himnos, esa textura leboniana inconfundible.
En lo técnico, su formación musical acaso haya tenido que ver no tanto con su lugar de nacimiento, en Nació en la bonaerense Ituzaingó, pero no fue allí donde caló la relación con la guitarra, sino en Miami, a donde la familia se mudó, previo a la adolescencia. Allí, David se formó como guitarrista e integró algunos grupos cuando aun era menor de edad. Tenía que recurrir -dice la leyenda- a artimañas para poder tocar en locales donde, por ley estadounidense, no puede permanecer un menor. Precoz hombre orquesta: bajista, baterista, tecladista, además de enorme compositorun día se lanzó un día al LP propio, titulado sencillamente con su nombre y apellido, en 1973.
Le dedica un tema a Luis y demuestra ser tan sutil para el rock duro como visceral para las baladas. Casi como una analogía local del famoso’ Club de los 27’, que en rock sajón nuclea a los músicos fallecidos a esa edad -Janis Joplin, Kurt Cobain, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Amy Winehouse y Brian Jones- en Argentina se ha dado un caso curioso relativo a los años en que nacieron los principales referentes del rock vernáculo.
El dato incluye, desde luego, a David Lebón, nacido en 1952, igual que Nito Mestre (3-8-52) y extremadamente cerca de León Gieco (20-11-51) Norberto ‘Pappo»’ Napolitano (10-3-50), Luis Alberto Spinetta (23-1-50) y una coincidencia particular que roza lo milagroso: Charly García (23-10-51) y Federico Moura (23-10-51): es decir, la misma fecha exacta. Así las cosas, para los amantes de las coincidencias cuasi astrales, he aquí otro misterio argentino que involucra nada menos que a siete de los fundacionales, a su modo y en su momento, del capítulo local de la música que cambió al mundo.










