Por Ana Hernández
“Permanecer y transcurrir no es perdurar ni honrar la vida. Merecer la vida no es callar ni consentir tantas injusticias repetidas. Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir porque no es lo mismo que vivir honrar la vida”. Así lo dice la canción que es un himno de Eladia Blázquez.
Semejante diferencia no es ideológica, sino filosófica. La pregunta cabe para la vida entera. Aun así, aceptar semejante cosa sería renunciar al romance, a la melodía de Omara en el malecón, sería resignarse a que vivir es simplemente respirar.
La forma o el fondo. Es una dicotomía vana porque en este sistema de pantalla la forma es el fondo. Eso no lo digo yo, lo desarrolla de manera conceptual Jesús Reyes Heroles. La separación de los signos de la globalización del conjunto de valores y expresiones culturales como las identidades particulares relativas a determinados grupos específicos de etnia, religión, identidades sexuales y gustos, produjo esferas que no se comunican entre sí. Sino sólo entre iguales. Esto ha producido al mismo tiempo rupturas de vínculos, o la imposibilidad de crearlos.
Nuevas alternativas y crisis de representatividad
Sobre lo dicho, los movimientos y expresiones políticas han tenido sus posibilidades y se dividen en dos grandes sucesos. Po un lado están los emergentes, que supieron interpretar el perfil del sujeto ávido de una identificación colectiva sobre conceptos abstractos y básicos como la libertad.
Por el otro, un movimiento heterogéneo y tradicional con un sujeto al que representa que ya no existe. Porque ese sujeto ya no existe conscientemente puesto que ahora la mayoría de la población se cree de clase media (se autopercibe, dicen ahora), aunque come y vive como clase baja. Discursivamente piensa como clase media, su conciencia histórica y pertenencia de clase está ausente. Por lo tanto, hay de un lado un discurso liberal totalmente desbocado y del otro un espacio que le habla a un sujeto político y social que ya no está.
Ya nadie llega solo. Hasta Lula tuvo que realizar una alianza porque el discurso neoliberal logró captar hasta la clase media baja que piensa como alta y vive como indigente. Por lo tanto, ya nadie arrastra voto con una formula personalista.
Hay una crisis de representatividad que convive o es a su vez consecuencia del quiebre de los partidos políticos. El único gran sobreviviente y que tiene sus puertas cerradas se llama Partido Justicialista. Que en la actualidad funciona como herramienta electoral pero no es un órgano activo.
Por “crisis de representación” se entiende el deterioro del prestigio de los partidos y otras instituciones ante el electorado, y la pérdida de eficacia para formar consensos, seleccionar los liderazgos y administrar el poder. En consecuencia, en la vida política emerge nuevos actores y ámbitos y ganan preeminencia los medios masivos de comunicación, nuevas élites tecnocráticas, los lobbies empresarios.
Lo abstracto y lo concreto
El resultado es la pérdida de confianza en los partidos, el “desencanto político” de amplios sectores, pero también el desarrollo de expresiones políticas inéditas (ecologistas, verdes, pacifistas, feministas, el pos materialismo, los regionalismos.) Algunas serán efímeras y otras perdurarán y se transformarán. Muchas con un fuerte contenido anti institucional e incluso “anti político”, en el sentido de asumir como una de sus principales señales de identidad el rechazo de las estructuras, prácticas y reglas de la política tradicional.
Pero el momento que vivimos es complejo y la actividad discursiva de unos y otros fluye y se produce a gran escala polarizando la sociedad. La descalificación, el insulto, los colores, el maniqueísmo y la indiferencia en el indagar, cuestionar se han convertido en el marco interpretativo de la realidad. Nadie contextualiza y nadie DICE.
Aunque Jesús Reyes Heroles haya dicho que “en política, el fondo es forma”, la frase sólo se ha convertido en jerga, porque el fondo es la clave para entender por qué ocurren los hechos. Ahí se encuentran la ideología, los principios, los valores, las creencias, los conceptos, la intencionalidad; y muy seguido lo emocional, el sentimiento.
Por suerte, la forma no es el fondo y vivir no es simplemente respirar.












