Las antinomias

Por Ana Hernández

Las antinomias conviven cotidianamente entre todos y todas es cosa habitual, incluso en la literatura que como todo tiene su centro y sus márgenes. Pero hay cuestiones de la realidad que solo la ficción literaria soporta leí por ahí. Me pareció maravillosa.



No hay derechos conquistados para siempre si estos no se defienden de manera permanente. Un ejemplo es la postura de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre el fallo que lo consagra desde los años ’70 es una alerta que cruza fronteras. Pero resulta que navegando ya el tercer milenio surge una amenaza de gran golpe contra los derechos en general y contra los derechos de los cuerpos gestantes en particular. Justamente Texas, el Estado que (sin querer) había habilitado el aborto legal hace cuarenta y nueve años atrás, es uno de los que ya se apresuró a legislar en contra del aborto.

En los tiempos de la inquisición a nuestras abuelas, las rebeldes, las lujuriosas, las menstruantes y furiosas mujeres curanderas, las que llaman solo para los partos y las que hacían alquimia para los dolores y el mal de amores fueron quemadas en la hoguera. Cuando las brujas se rompen, empiezan a ordenar sus casas, su placard como manera de ordenar su cabeza, restaurar su corazón de alguna manera. Acunan a su gato y lamen su alma. Saben cuándo se ha cumplido un ciclo y saben cuándo dejarlo ir. Su poder es la gran intuición y entienden el mundo como jaula porque ellas son vuelo.

Saberse en días de otoño. Sin remedio el otoño goza de mal marketing político. Está muy en el medio. Pero para mí el otoño es como la primavera que nos vendieron. Digo esto porque nuestros días parecen eso, otoño.

El otro día Mina me hablaba de la conciencia social y mi cabeza se remitió a Brecht (solo porque él se asumía como un traidor de su clase) pensar que tan difícil sería aplicar hoy esa categoría. Una categoría muy compleja de aplicar ante tanta segmentación, tanta tribu producida por sobredosis de identificación. Se organizan las clases sociales según el consumo o las identificaciones si la cajera del supermercado usa el mismo jeans que Juliana Awada, mientras una lo fabrica la otra lo usa para trabajar los domingos.

Por qué vienen tantos temas en apariencia disimiles en un mismo texto y es porque es evidente que la historia se sigue escribiendo, se avanza tres y se retroceden dos, la historia no es cíclica hay una vuelta a los discursos radicalizados donde instalan la supremacía de la moralidad como ejercicio para el sentido común.

Además, ha ocurrido una disrupción en nuestro mundo cultural, alterando dramáticamente la vida cotidiana, diseminando en múltiples direcciones nuevas formas de incertidumbre y expandiendo las fronteras de la experiencia del riesgo. Estos desafíos han puesto a prueba los sistemas de valores, las relaciones de confianza mutua, los vínculos de solidaridad y la capacidad para imaginar colectivamente horizontes de futuro. En el caso argentino este impacto ha acontecido en una sociedad que ya se encontraba en una profunda crisis, no solo económica, sino de fuerte tensión entre identidades y orientaciones político-culturales.

Es necesario abandonar el discurso bélico y asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas también en la agenda política. Esto nos ayudaría a prepararnos positivamente para responder al gran desafío de la humanidad, la crisis climática, y a pensar en un gran pacto eco-social y económico. Nos cayó una pandemia encima, en el medio de una deuda impaga y entrando al cataclismo ecológico, ya decía yo que hay realidades que solo la ficción literaria soporta.

Hasta en lo cotidiano es necesario impregnarle poesía a la vida, de lo contrario, del otro lado no hay nada.