La virgen de la tosquera, película dirigida por Laura Casabé con guion de Benjamín Naishtat, se consolida como una nueva sensación del cine de terror nacional al fusionar elementos sobrenaturales con el contexto social y político del verano de 2002, a partir de la adaptación de cuentos de Mariana Enríquez.
Ficha técnica – La virgen de la tosquera
- Argentina/España/México, 2025
- Dirección: Laura Casabé
- Guion: Benjamín Naishtat, sobre los cuentos “La virgen de la tosquera” y “El carrito”, de Mariana Enríquez
- Duración: 95 minutos
- Intérpretes: Dolores Oliverio, Isabel Bracamonte, Candela Flores, Fernanda Echevarría, Agustín Sosa, Dady Brieva, Luisa Merelas.
Estreno disponible exclusivamente en salas.
La historia sigue a Nati, una adolescente del conurbano que, tras terminar la secundaria, planea un verano idílico con Diego, el chico que le gusta. Sin embargo, sus planes se complican con la llegada de Silvia, una joven mayor que Diego conoce por Internet (en el antiguo ICQ) y que se integra al grupo de amigos, alterando su dinámica y convirtiéndose en rival para Nati.
La película reconstruye la atmósfera sofocante y la angustia sin horizonte del período posterior a diciembre de 2001, utilizando el contexto de crisis social, económica y política como un elemento fundamental para generar tensión. Casabé logra esto a través de un uso virtuoso del sonido, la fotografía y el montaje.
El relato sincroniza dos «bombas de tiempo»: la intimidad emocional de la protagonista, con sus pasiones y pulsiones adolescentes, y la inestabilidad del contexto social, produciendo un explosivo cóctel emocional que hace brotar lo peor de Nati.
El origen del mal
El análisis destaca que el mayor mérito de la película radica en su capacidad para fundir «lo siniestro y lo popular», haciendo que el terror no solo tenga un origen sobrenatural. El mal también se filtra desde un «fuera de campo socialmente reconocible», representado por la violencia de clase, la disfuncionalidad familiar, la indiferencia social, la pobreza como amenaza y, sobre todo, la mano invisible de un mercado que aplasta, desgarra y lo devora todo, presentado quizás como el monstruo más espantoso.
La película confirma, según la crítica, que el cine de terror nacional puede ser lúcido y efectivo cuando se nutre de los paisajes y heridas de la memoria reciente. Se señala la importancia del sólido guion de Benjamín Naishtat, que construye puentes entre la ficción y la realidad, y se menciona la «ecléctica genealogía» del filme, relacionándolo con el cine de Naishtat (como Historia del miedo), con La ciénaga de Lucrecia Martel y con el trabajo de Demián Rugna, director de Cuando acecha la maldad y otros éxitos del terror argentino.










