La toma del poder

Cambiando la carta”, Joseph Edward Southall (1908), ilustra uno de los poemas narrativos de “El paraíso terrenal” de William Morris. La carta sellada está dirigida al gobernador.

por Ana Hernández

El feminismo como medio y no como fin en sí mismo es una propuesta para pensar en la transformación real de una sociedad más humanizada.



La deuda del Siglo XX es de igualdad y justicia social; son los grandes temas pendientes de la modernidad después de las bondades de la Revolución Francesa. Este siglo, en cambio, contiene en sí mismo dos grandes nuevos sujetos políticos: uno es el movimiento de los feminismos y otro es el anti-racismo que está transitando la agenda mediática desde los olvidados del Mediterráneo.
Las mujeres y las feminidades auto percibidas, que integran los feminismos (el feminismo no existe porque la heterogeneidad es su parte constitutiva) contenidas en un movimiento heterogéneo y diverso, todavía no se han conformado como sujetas políticas autónomas, ya que para sobrevivir en el ambiente interno han necesitado en su mayoría de la designación de un referente político, o de portación de linaje. Son los casos de las mayorías que se han inmiscuido y que han logrado permanecer. Toda la descripción es consecuencia de un sistema patriarcal y verticalista.
Hubo excepciones si pensamos en los últimos 30 años. Un capítulo aparte merece la perspectiva de la militancia en la década de los años 70, ya que tenía otra cosmovisión que incluía a la mujer como militante y había otro sentido de la trascendencia de la vida que luego cambio con el neoliberalismo. La mujer como “sujeto político” real implica cambiar las estructuras.
Es menester hacer un diagnóstico bien diferenciado entre las esferas de lo público y lo privado en el tránsito de concebir a los feminismos como proyecto político. No alcanza ya la pelea por el cupo, no alcanza la solicitud de paridad. No alcanza la disputa por los derechos individuales, es menester la elaboración de un proyecto. Constituirse legítimamente como tal desde los márgenes en que está ubicada, es el gran desafío.

La agenda de género como trampa
La agenda de género debe ser un paso de transición en la lucha por los derechos individuales y la transformación de sus vidas cotidianas. Una característica de la época, copiada de las ciencias, es la concepción de disgregación y separación de los aspectos por temas. En Argentina, luego de la media sanción de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), se estableció un quebranto, hubo un hecho político irrepetible y el mayor desafío es la capitalización para que no se reduzca a un pedido de derecho individual. A partir de junio de 2018 el movimiento de los feminismos marcó un hito, y tenía como opción en el horizonte jugar bajo las reglas patriarcales o esperar que caiga por su propia fuerza.

El poder real
El concepto de poder como algo que se toma o se deja está en declive, cayó junto con el concepto de verdad y los absolutismos. El poder real se construye constantemente y se ejerce en pequeños espacios ya que la masividad también dejó de existir. Las grandes masas sólo quedaron como teoría en los libros. Transitar el camino más largo que supera los ismos y sus colores, conformando sujetas con conciencia histórica y social. El poder desde un concepto de construcción constante, en movimiento y colectivo encontrando los “intersticios” de Foucault para tomar lugares sin permiso. La historia demuestra que el sistema jamás ha cedido nada.
En un mundo donde el iluminismo está en su peor momento las mujeres en la política pueden hacer la diferencia. Dar el paso puede ser pensar la política desde otro lugar sin replicar modos. Dar el paso es trascender la foto estigmatizada por la sociedad.