
Profesora – Periodista
El 25 de febrero de 2014, alrededor de las 15:00 horas, en el predio ubicado en calle Don Bosco y 14 de Julio, un hombre joven recibió disparos de escopeta que le causaron graves heridas en ambas piernas. Pocos días después murió.
Los vecinos, sumergidos en el sopor de la siesta, fueron sorprendidos por el ruido de las perdigonadas, y salieron a ver. Quienes se acercaron al lugar encontraron a Silvio Gaggietta, de 35 años de edad, que vivía en las inmediaciones, con las piernas destrozadas y manando abundante sangre. Dieron aviso a la Policía la que se movilizó rápidamente y dispuso el traslado del herido al hospital. Se supo asimismo que el autor del hecho había sido otro vecino, Carlos Fabre, conocido por el sobrenombre de “Soso”, de 44 años de edad, quien, una vez perpetrado el hecho, se fue del lugar y no se entregó hasta varias horas después.
A Silvio Gaggietta, internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Justo José de Urquiza, le amputaron la pierna derecha e intentaron salvarle la otra, pero a los pocos días, el 2 de marzo, murió sin poder recuperarse.
Fabre quedó detenido con prisión preventiva y durante el lapso de la acusación penal preparatoria. Varios testigos fueron citados por la fiscalía y la defensa a fin de establecer fehacientemente lo ocurrido. Así se llegó al juicio que comenzó el 12 de agosto del mismo año.
La víctima lo molestaba
En la apertura de la audiencia, el acusado Fabre se refirió a los problemas que sufría a causa del accionar de Gaggietta, quien hacía poco tiempo que había salido de prisión, ya que había sido detenido por un delito de otra índole y, al parecer, responsabilizaba a Fabre por eso. Según manifestó Fabre, Gaggieta lo insultaba y amenazaba todos los días y él temía por su familia.
El 25 de agosto, finalmente se llegó a la sentencia. El Tribunal encontró al acusado responsable de los delitos de “Lesiones gravísimas en concurso ideal y homicidio culposo” y le impuso 7 años de prisión. Entendieron los magistrados que Fabre no tuvo intención de terminar con la vida de Gaggietta. Abonaría esta certeza, además de las pruebas colectadas, el hecho de que Fabre le disparó a las piernas a Gaggieta, no al cuerpo, evitando lesionar órganos vitales.
El dolor de una pérdida
Al concluir la audiencia, familiares de la víctima repudiaron la duración de la pena impuesta al homicida. Entre ellos, se encontraba el hermano de la víctima quien manifestó en una oportunidad a esta periodista que Silvio no era una amenaza para nadie. “A Silvio lo soplabas y se caía”, dijo en referencia al estado de salud de su hermano, quien en su adolescencia había caído en las garras de la droga, hecho que lo había llevado, incluso, a la cárcel.
Los hermano Gaggietta (una chica y dos chicos) miembros de una familia de barrio Santa Teresita – Mosconi, habían perdido a su madre a temprana edad. Esa pérdida los había afectado sobremanera. Particularmente a Silvio que por entonces tenía solo 10 años.
Con su muerte, este hombre joven, dejó a su vez a tres hijos: dos mujeres y un varón.
“El siempre será mi ángel”
A 10 años y poco más de un mes de aquel cruento episodio, Anita Gaggietta recuerda con dulzura a su hermano. “Es un dolor con el que tuvimos que aprender a vivir. Perdimos a nuestra madre siendo muy chicos. Silvio tenía 10 años, luego a mi padre. Fue muy duro lo que tuvimos que vivir los tres. La vida nos golpeó muy fuerte”, le comento a esta periodista. “Loco lindo le decía yo a mi hermanito. Prefiero recordarlo así, con su alegría y sus locuras. Él vive en mi corazón como mi madre y mi padre”. Hechos como este dejan un aliento pesado y triste en las comunidades, pensar en la sangre derramada, en la vida joven tronchada, parece cerrar las puertas a la alegría, a la esperanza; se habla más bajo, se camina más lento, se cierran las ventanas, porque los deudos y quienes conocieron a la víctima, sufren.
Pero siempre se vuelve de esos viajes oscuros. Así lo demuestra esta hermana que afirma: “Silvio siempre será mi ángel”.










