La industria impacta un 18% en la generación de riquezas

Alimentos, metalmecánica, farmacias y forestal son las principales actividades industriales de Entre Ríos.

Las actividades mencionadas, en el concierto económico provincial impactan con el 18,8% de la generación de riquezas, lo que da la pauta de las posibilidades de crecimiento en el territorio. El campo y el comercio dominan la escena con poco más del 28% cada segmento; atrás con el 21% vienen los servicios y la información de la Dirección de Estadísticas y Censos da cuenta de que luego aparece la construcción con el 3% y la explotación minera cierra la lista con un impacto testimonial del 0,2%. Precisaron que las posibilidades de desarrollo se reflejan en la superficie disponible en los parques industriales de la provincia: 1.500 hectáreas en un Estado que, en el ranking nacional, figura tercera en la materia detrás de Buenos Aires y Mendoza.
A la industria entrerriana la asisten el conjunto de las labores productivas ensambladas en un entramado de 20 cadenas de valor expandidas y diversificadas de manera federal en la provincia.
«La pandemia fue un punto de inflexión para toda la industria del país y Entre Ríos, que ya había comenzado el año con enormes dificultades por la recesión que arrastraba de cuatro años de administración neo liberal marista.
Sin dudas se presentó como un escenario inédito que hizo temblar las estructuras y obligó a realizar cambios sobre la marcha para seguir siendo sustentables» sentenció el ministro de Producción, Juan José Bahillo, al trazar un panorama de la actividad. Posteriormente, sostuvo: «Vamos a salir porque tenemos fundamentos. Hay personal capacitado, empresarios eficientes y con vocación de crecimiento. Hay un Estado que define políticas para generar infraestructura al servicio del desarrollo, como los puertos, caminos y líneas férreas». Para el titular de la Unión Industrial de Entre Ríos (UIER), Leandro Garciandía, en el escenario de lucha sanitaria muchas empresas se enfrentaron a caídas de producción y ventas históricas, fundamentalmente los sectores no esenciales que durante la primera etapa estricta de la cuarentena debieron paralizar sus actividades. No ocurrió lo mismo con las industrias esenciales, tales como las alimenticias y farmacéuticas, que pudieron continuar trabajando y asumir el compromiso de garantizar el abastecimiento de bienes y servicios indispensables.

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