En la madrugada del 24 de marzo de 1976, mientras se ejecutaba el golpe de Estado, un grupo militar irrumpió en el departamento del teniente coronel Bernardo Alberte, delegado de Perón, y lo arrojó desde la ventana del sexto piso. Fue la primera víctima de la dictadura cívico-militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.
Alberte, de 57 años, había sido edecán de Perón y en la década del ’60 fue su delegado en Argentina. Vivía bajo constante amenaza desde la creación de la Triple A. Días antes del golpe, uno de sus colaboradores, Máximo Altieri, fue secuestrado y apareció acribillado. Alberte decidió escribir una carta al comandante en jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, denunciando intentos de secuestro por parte de fuerzas de seguridad y alertando sobre la «inhabilidad de las Fuerzas Armadas para el ejercicio del poder político».
En la madrugada del 24 de marzo, un grupo de militares rompió la puerta de su departamento en avenida del Libertador 1160. Según el testimonio de su hija Lidia, irrumpieron unos diez hombres, lo neutralizaron y, tras increparlo, lo empujaron al balcón. «A todo el mundo le llega su hora», le dijeron antes de arrojarlo. Cayó en el patio del primer piso. Fue llevado a una comisaría y luego a la morgue. La causa fue archivada por la justicia militar, que calificó su muerte como «suicidio».
En democracia, la causa se reabrió en 2004 tras la derogación de las leyes de impunidad. Se identificó al general Oscar Enrique Guerrero como uno de los jefes del operativo, aunque falleció antes de ser detenido. El general Carlos Alberto Martínez, jefe de Inteligencia del Ejército al momento del golpe, fue procesado y murió en 2013. La investigación sigue abierta. En 2006, Néstor Kirchner ascendió post mortem a Alberte al grado de coronel.










