Siracusa, Sicilia, ofrece una postal dinámica entre los colores, el cartel de la película y los lugareños, irresistible para el fotógrafo. Después de cada lluvia, monumentos, calles y fachadas, que hablan de más de 27 siglos de historia, recuperan su esplendor en la otrora polis más importante de la Magna Grecia. Construida en el sureste de la isla más grande del Mediterráneo, el desarrollo y destino de Siracusa –cuyo nombre proviene de súraka: abundancia de agua–, estuvo ligado siempre a este recurso vital. Quizás no fue casual que 250 años a.C., justo aquí un físico, matemático y astrónomo inventara el “Tornillo de Arquímedes”, un dispositivo que se utiliza hasta hoy extraer agua subterránea y para los sistemas de regadíos. Arquímedes concibió también en esta ciudad su teoría “Sobre los cuerpos flotantes”, que la tradición asegura que se le ocurrió mientras tomaba un baño en una tina.