Un cartel de apoyo al presidente Bolsonaro se erige junto a la ruta transamazónica, cerca de Altamira, una ciudad de 107.000 habitantes pero que por su extensión es la más grande de Brasil y la segunda del mundo, con 160.000km2, superando en superficie a países como Portugal, Grecia o Panamá. Ubicado en el estado de Pará al norte del país, Altamira es un bastión del Partido Liberal y el segundo municipio más violento de Brasil, con 134 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Para tener un orden de magnitud, Rosario registra 4,69 muertes violentas por cada 100.000 y Tijuana, la ciudad más peligrosa de México, 103 cada 100.000. Los conflictos tienen su origen en la inequidad y la explotación a gran escala de los recursos de la selva tropical por la agroindustria, las madereras y la minería de minerales y metales, incluido el oro. La construcción de carreteras ha agravado la destrucción masiva del ambiente.









