Trabajadores cargan camiones de sal en las minas de litio de Tahua, en Potosí. El primer metal de la tabla periódica alimenta gran parte de nuestra vida diaria. Los teléfonos, las computadoras portátiles y una multitud de otros dispositivos inteligentes funcionan con baterías recargables hechas de este elemento. El litio impulsa la nueva revolución tecnológica, la fuerza motriz del siglo XXI, y los países desarrollados buscan deshacerse de los combustibles fósiles. Detrás de esta fiebre del oro moderna hay mega compañías que responden a las políticas de los países de sus casas matrices. Pero también hay pueblos dispuestos a no repetir la historia de hace 500 años, cuando el oro y la plata de Potosí enriquecieron a Europa. Ni la reciente, cuando Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta tras el golpe de Estado de 2019, y las acciones de Tesla, cuyos productos son a base de litio, aumentaron de manera exponencial.









