Antes del amanecer, en una escena que se ha repetido durante 3.500 años en la costa norte del Perú, los pescadores se internan con sus “caballitos de totora” y remos de bambú en el Pacífico para capturar su desayuno. Unas horas después, regresan con sus redes semivacías. La contaminación por plástico y la competencia de barcos pesqueros motorizados hacen que esa labor ya no sea la que conocieron sus ancestros. Pero a medida que las reservas de peces disminuyen, el turismo de surf le está lanzando un salvavidas a esta comunidad en apuros. En la playa principal de Huanchaco –cerca de la ciudad de Trujillo–, muchos jóvenes pescadores se convierten en surfistas talentosos y algunos han abierto sus propias escuelas de surf. Atraídos por el oleaje y los arrecifes de clase mundial, los surfistas acuden en masa. Sólo en 2025, Perú recibió 34.721 turistas australianos, un crecimiento de 27% en relación a 2024.









