Un hombre recorre la Rua Vitória, del distrito de Cracolandia, en el centro de San Pablo. Hoy en día, esta zona —conocida durante décadas como un centro del narcotráfico— se asemeja a un pueblo fantasma. Las autoridades del estado gobernado por el bolsonarista Tarcísio de Freitas, han utilizado la guerra contra las drogas como pretexto para la gentrificación. En lugar de las casas antiguas, se han construido nuevos edificios y muchos residentes de bajos ingresos han sido desalojados de sus hogares. Para muchos, sus carros constituyen una herramienta para sobrevivir y un techo, mientras los edificios que antes los acogían están siendo demolidos para dar paso a complejos de viviendas modernos. Cracolandia encarna tanto la resiliencia como contradicción: una comunidad urbana contemporánea y una realidad infernal de la que escapar. Un territorio que no revela la raíz de los males sociales, sino sus dolorosos síntomas.









