La Biblia dice que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios”. Pero en Dubai las profecías bíblicas no son asuntos que afecten el consumismo extremo, la ostentación, el ocio o la velocidad del proceso de urbanización. La transformación de Dubai de un polvoriento pueblo de pescadores en los años 60 a la metrópolis ultramoderna de hoy impulsa la segregación entre los habitantes ricos y los trabajadores migrantes explotados. La excesiva industria del entretenimiento del pequeño emirato del Golfo Pérsico tiene un gran impacto en la población, cuyo 90% son expatriados y sólo el 10% son ciudadanos emiratíes. Los valores islámicos tradicionales están siendo desafiados por la gran tríada de la vida occidental: el turismo, los negocios y las ganancias.









