En los suburbios de Calcuta, a sólo 3 kilómetros del centro de la ciudad de 14 millones de habitantes, la gente no tiene agua corriente en sus casas. Los grifos comunales en las calles se abren dos veces al día para que la gente pueda lavarse y recolectar agua potable. Es una forma que el gobierno de la India ha instaurado para ahorrar agua, pero expertos y ambientalistas plantean que en realidad la resolución oficial no hace más que propiciar un derroche mayor del caudal, dado que el recurso se desperdicia porque se deja correr durante un par de horas cada vez. Pero las autoridades señalan que Calcuta ha crecido hasta ser una metrópoli sin ninguna planta de tratamiento. Así, las aguas residuales se vierten en las marismas que resuelven de un modo eficaz tres problemas que padece Calcuta: el tratamiento de los residuos, la creación de puestos de trabajo y la producción de alimentos con la piscicultura.









