En 2025, las importaciones de bienes finales alcanzaron casi el 25% del total, superando el promedio de la convertibilidad (23,2%) y 8 puntos por encima del período 2020-2023, evidenciando que la apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei está desplazando producción industrial local sin mejorar la productividad.
Según datos oficiales, las importaciones treparon 24,6% en 2025, quintuplicando el crecimiento del PBI (4,4%), con una elasticidad que casi duplica el promedio histórico. Sin embargo, el aumento estuvo liderado por bienes finales de consumo y autos livianos (+55%), mientras que los bienes intermedios (insumos productivos y piezas) cayeron 14,5% y los bienes de capital, aunque subieron 20%, se ubicaron 9% por debajo del nivel 2012-2015.
La consecuencia es una creciente divergencia entre el comercio y la industria: entre julio 2024 y diciembre 2025, el comercio se recuperó 2% impulsado por productos importados, mientras que la producción industrial profundizó su caída (-2%). La actividad industrial cerró 2025 casi 11% por debajo de mediados de 2023, afectando especialmente a pymes.
Economistas advierten que la apertura irrestricta en un contexto de apreciación cambiaria y costos disparados agrava la sustitución de producción local, en lugar de promover aumentos de productividad mediante bienes de capital. Señalan que países con tradición industrial como Argentina no deberían aplicar el mismo esquema que economías pequeñas sin manufactura.










