Hojas Sueltas… Yo decido

Por Esther Vivas

Vivimos en una sociedad que no nos permite hablar de los disgustos de la maternidad y nos obliga a pretender que todo es simple y maravilloso. Que amamos a nuestro bebé por sobre todas las cosas y que finalmente somos felices. Pero la maternidad es ambivalente y es contradictoria. Ser madre implica querer con devoción a tu hijo, pero también, a veces, no poder más con él, necesitar que alguien lo tome, poder respirar, bañarte… Pero esto no se nos permite nombrarlo en voz alta y si lo hacemos, si nos quejamos, si decimos que no podemos más, si decimos que no somos felices, entonces se nos tacha de malas madres, como si el problema fuésemos nosotras y nos dicen: “la maternidad es así”.
Es inevitable. Todas las mujeres llegamos a una edad en la que casi a diario nos vemos obligadas a responder a la pregunta indiscreta: ¿para cuándo los hijos? No importa si tenemos o no pareja, solvencia económica o ganas de tener hijos. De manera constante nos enfrentamos a la tía que cree que nos vamos a arrepentir de no tenerlos o al amigo del abuelo que está seguro de que las mujeres solo nacemos para continuar trayendo hombres al mundo.
Gracias a nuestras antecesoras feministas de los años 50 y 60 se rompió un poco esta idea de que como mujer tenías que ser madre y se reivindicó el acceso a los anticonceptivos, el “yo decido por mi cuerpo”, etcétera. Y hoy muchas mujeres podemos decidir si tenemos hijos, o no, y cuándo los queremos tener. Muchas mujeres que deciden no ser madres, o que no pueden serlo, son cuestionadas por su decisión, todo porque desde esta mirada conservadora se considera que la mujer solo puede realizarse como mamá.
Sin embargo, las mujeres que deciden no ser madres, o “ser no madres”, lo hacen por diversas razones que van desde un deseo, hasta carencias económicas o de apoyo de su comunidad, y no tienen por qué estar dando explicaciones sobre estas decisiones. Defender la maternidad con una mirada feminista, se impone. Reivindicar el derecho al aborto, y el derecho a decidir si quiero ser madre a ser yo quien mande en mi embarazo, en mi parto, en mi lactancia. Debemos poder decir no a la maternidad patriarcal que nos imponen. Ser una madre feminista y desobediente es una forma de poner en cuestión el patriarcado.