Sergio A. Rossi
Un sábado a comienzos de enero de 1980 dos queridos amigos abordaron al adolescente que fui en la playa.
-Nos vamos a Brasil. ¿Querés venir?
-Todo el mundo viaja a Brasil. Ya no hay ni lugar en los colectivos y los hoteles. ¿Ustedes también van a ir a Camboriú porque el dólar es barato? Turismo masivo. Para eso me quedo acá.
-Nosotros vamos a Río de Janeiro, que debe ser una ciudad interesante.
-Ah. ¿Y cuándo se irían?
-El lunes.
-¿Tienen pasajes
-No.
-¿Y alojamiento?
-Tampoco.
Y allá fuimos.
Nos llevó largos tres días llegar, consiguiendo colectivos de a tramos y esperando en terminales de ómnibus. Aproveché las esperas en rodoviarias, las tardanzas de los bondis y las incomodidades de los asientos para leer los tres tomos de El señor de los anillos.
Creo que mi único aporte fue cargosear para ir a Petrópolis, la ciudad imperial, recomendada por mi abuela Raquel. Estudiantes de arquitectura, mis amigos aceptaron salir de Copacabana, Ipanema y el centro carioca, tomar un colectivo y llegarnos montaña arriba hasta la antigua residencia de verano de la Corte Portuguesa. Allí, entre los ordenados vestigios del lujo de los Braganza, en el cuidado relato de un lento republicanismo acordado entre parientes y del tardío abandono del esclavismo, había una muestra -que parecía permanente- de homenaje a Bartolomé Mitre. Caseros, Pavón, Paysandú, Montevideo y Asunción mostraban la coronación del éxito portugués en el Plata, consumado por el Imperio Esclavista del Brasil. Y Don Bartolo tenía allí el lauro y la palma. De regreso y desconfiando de aquellas explicaciones empecé a intercalar entre los estudios de ingeniería crecientes lecturas históricas, y a repensar el influjo de nuestras oligarquías latinoamericanas en nuestros más de 100 años de soledades. Volví a Río 35 años más tarde, y volví a recorrer, ahora en familia, los mismos lugares. Volví a cargosear a todos para ir a aquella Petrópolis recomendada por mi abuela, y volví a examinar todo el Palacio. No encontré ni vestigios de aquella muestra, mácula a la integración sudamericana. Quizás la hayan sacado, quizás me esté volviendo viejo y fabule recuerdos. Me acordé en enero de 2019 al ver la foto de Macri con Bolsonaro, el presidente surgido de la manipulación electoral y de la proscripción a opositores. Me acuerdo ahora, con Lula girando su pulgar y el índice extendidos, tal que, la forma de un arma troca en la letra L.










