Andrés Asiain
El último informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI proyecta que el crecimiento mundial registrará un descenso estimado del 3,4% en 2022, al 2,9% este año, para luego repuntar a 3,1% en 2024. Estas proyecciones establecen un crecimiento del 1,8% para América Latina y el Caribe en 2023, mientras que para Argentina prevén un aumento del 2,0%, un 1,2% para Brasil y un 1,7% para México. Por otro lado, el FMI estima que la inflación mundial disminuirá del 8,8% en 2022 a 6,6% en 2023 y a 4,3% en 2024, niveles que “son superiores a los observados antes de la pandemia (2017–19) de alrededor del 3,5%”. El organismo sostiene que “la subida de las tasas de interés de los bancos centrales para combatir la inflación y la guerra de Rusia en Ucrania continúan lastrando la actividad económica”. No obstante, insiste en que las economías de los países centrales continuarán el actual rumbo de aplicación de políticas de alzas de las tasas de interés, ya que “la prioridad sigue siendo lograr una desinflación sostenida”. La Reserva Federal de EE.UU. subió la tasa de interés de referencia en 0,25 puntos porcentuales (pp) llevándola al 4,75%, pero aclaró que su objetivo es retornar a una inflación anual del 2%. Por su parte, el Banco Central Europeo subió la tasa en 0,5 puntos porcentuales, hasta el 3,25% para los préstamos del organismo, el mayor nivel en 15 años. Tal como lo indican el FMI y varios otros organismos internacionales, la suba de tasas de parte de los bancos centrales es una herramienta principal en las políticas antiinflacionarias de los países desarrollados, aunque conlleva sus riesgos. En este tema, resulta muy preocupante el enfoque del presidente de la FED, Jerome Powell. Recientemente señaló que “restaurar la estabilidad de precios cuando la inflación es alta puede requerir medidas que no son populares a corto plazo, ya que elevamos las tasas de interés para desacelerar la economía”. También afirmó que “la ausencia de un control político directo sobre nuestras decisiones nos permite tomar estas medidas necesarias sin considerar los factores políticos de corto plazo (…). Deberíamos ‘enfocarnos en lo nuestro’ y no deambular en busca de beneficios sociales percibidos que no están estrechamente vinculados con nuestras metas y autoridades legales”. Una descarnada explicación del significado de la autonomía de los bancos centrales, propiciada desde las ideas neoliberales.










