Hojas sueltas… La luz y el bienestar

Andrés Huberman

La luz afecta directamente nuestro estado de ánimo, nuestro sueño, nuestra capacidad para despertarnos y concentrarnos, nuestros niveles hormonales, nuestro sistema inmunológico y nuestra capacidad para hacer frente al estrés. Dado que la luz tiene tremendos efectos positivos, ¿cómo podemos usarla para mejorar la salud mental y física? Primero, exponernos, aunque sea brevemente a la luz del sol de la mañana. Ver la luz del sol en las primeras horas de despertar (tan pronto como pueda, incluso si está cubierto de nubes) aumenta la liberación de cortisol temprano en el día (el momento ideal para tener el cortisol elevado) y prepara el cuerpo para dormir más tarde esa noche.
Un aumento matutino de cortisol también influirá positivamente en el sistema inmunológico, el metabolismo y la capacidad de concentración durante el día. Además, la luz del sol de la mañana ayuda a regular el “reloj circadiano”, el mecanismo del cuerpo para anticipar cuándo despertarse e irse a dormir, y maneja otros procesos biológicos como el hambre y la temperatura corporal. En una mañana soleada, salga de 5 a 10 minutos. Incluso en los días nublados, todavía hay suficiente luz solar para desencadenar efectos positivos, pero deberá aumentar el tiempo al aire libre a por lo menos 15 o 20 minutos.
Si está oscuro cuando se despierta o si el clima le impide salir, encienda tantas luces como sea posible y luego salga tan pronto como pueda al sol. Los lentes de contacto y anteojos (incluso aquellos con protección UV) están bien, pero no use anteojos de sol porque no obtendrá sus mejores efectos. Exponga su rostro al sol, pero nunca mire directamente al sol (o cualquier luz) de una manera que le cause dolor; simplemente cierre los ojos y parpadee según sea necesario para proteger sus ojos. Aclaración: tratar de hacer todo esto a través de un parabrisas o una ventana no funcionará; se filtran demasiadas las longitudes de onda relevantes.
Ya por la tarde, vuelva a salir poco antes del ocaso, esto sirve para reforzar su sueño por las longitudes de onda particulares del sol cuando está bajo en el cielo (amarillos y naranjas, en contraste con el azul). La luz del sol vista al final de la tarde/noche le comunica al reloj circadiano del cerebro que es de noche y que es hora de comenzar el proceso de transición al sueño.