David Bueno
Uno de los cánones reconocidos por el Tribunal de Derechos Humanos es que la justicia no sólo debe hacerse, sino percibirse. Últimamente, la sensación de injusticia es evidente, con sentencias arbitrarias, encarcelamiento o persecuciones contra quienes defienden determinadas ideas, acusaciones de corrupción que luego no se demuestra, etc. Al mismo tiempo, hay imputados que se fugan, otros a los que se les deja prescribir sus causas, son absueltos por jueces que les deben favores, no eluden la cárcel con una simple fianza.
La justicia, y el sentimiento de injusticia, parecen típicamente humanos, pero muchos aspectos de nuestro comportamiento están más arraigados a la biología de lo que se cree –lo que no excluye un fuerte componente cultural–. Se ha investigado el origen evolutivo del sentimiento de justicia y, al parecer, nuestros parientes evolutivos más cercanos, los chimpancés, nos pueden dar una lección. Para evaluar la capacidad de los chimpancés de valorar la equidad, uno de los principios básicos de la justicia, se pusieron dos monos en sendas jaulas transparentes, para que pudieran verse.
De manera consecutiva, el experimentador les daba un objeto y, cuando el mono se lo devolvía, lo recompensaba con un pepino. Tras repetir esta secuencia varias veces, a uno de los monos lo recompensaron con uvas. El pepino les gusta, pero se deleitan por las uvas. Inmediatamente después, cuando el segundo mono devolvió el objeto, se lo recompensó como siempre con pepino, no con uva como a su compañero. La primera vez el mono se lo comió, pero su rostro mostró una expresión de disgusto. Sin embargo, la segunda vez el mono del pepino lo lanzó con rabia contra el cristal.
Aunque pueda ser discutible que fuera únicamente el resultado de un sentimiento de injusticia por comparación, estudiaron entonces qué ocurría si el chimpancé de la jaula de al lado era un compañero de toda la vida o, en cambio, uno que conocía de hacía poco. Si era un compañero de toda la vida, la reacción de enfado era mucho menor que si era conocido de hacía poco.
Los paralelismos con nuestra percepción de la justicia son evidentes, dado que también notamos más sentimientos de injusticia cuando nos comparamos con personas que consideramos que pertenecen a un grupo distinto al nuestro. La gran diferencia respecto de los chimpancés es que los humanos son más complejos y diversos, con un componente cultural muy potente.