Luis B. García
Ningún sentido tiene recapitular hechos si no se aprende de ellos. ¿Qué sentido tuvo la Declaración de Independencia en los pueblos latinoamericanos de hace dos siglos? ¿Puede el Nuevo Mundo independizarse del Viejo, o el Viejo Mundo desvincularse del Nuevo? Esta ruptura viene por una parte del gobierno español, que había abdicado, pero por la otra, y más importante se sustentó en la soberanía del pueblo. Las improntas del uno en el otro se advertirán mientras exista la Historia. Gracias a las masivas transferencias de metales preciosos americanos, España pudo mantener una hegemonía europea de dos siglos. Esta circulación de efectivo a su vez permitió a los reyes contratar ejércitos mercenarios que consolidaron los Estados modernos. Con él se pagaron las flotas que triunfaron en la batalla de Lepanto, lo cual quizá impidió que Europa se hiciera musulmana. Cuando pelean los imperios, hay oportunidad para las revoluciones. Para adquirir de España las riquezas americanas florecieron en Europa empresas y fábricas; esta riqueza constituyó una de las fuentes de la acumulación primitiva que dio lugar el capitalismo. Vegetales americanos, como la papa y el maíz, alimentaron a las multitudes de trabajadores de la revolución industrial. El ejemplo de la Conquista de América estimuló el asalto colonial e imperial del mundo por las potencias europeas. Pero también las sociedades comunitarias del Nuevo Mundo replantearon el tema de la Utopía y de la Revolución Social.
¿Desvanecieron las Independencias la impronta ibérica en el Nuevo Mundo? En él predominan todavía, desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos, una religión católica y dos lenguas romances. En las huellas de la lengua y de la catequesis encontramos las vías para la posible integración latinoamericana. Por otra parte, esas Independencias en la dilatada extensión de Iberoamérica y el Caribe demostraron a escala continental la factibilidad de la forma de gobierno republicana, alternativa, democrática, con división y equilibrio de poderes y soberanía popular. Con los desaciertos y retrocesos propios de toda obra humana, nuestras repúblicas se convirtieron en un laboratorio de procesos políticos y sociales, protagonizaron rebeliones agrarias triunfantes, y en la actualidad presentan modelos alternativos a la gran crisis que sacude a los países desarrollados. La Independencia es la voluntad y la capacidad de proponer lo nuevo. Como dijo Simón Rodríguez, el maestro del Libertador Simón Bolívar: “O inventamos o erramos”.