Por: David Bueno
Doctor en Biología. Genetista
Los humanos somos unos simios algo especiales pero, sin duda, estamos cargados de prejuicios que aparecen en nuestros pensamientos racionales desde antes que nos los planteamos. Y esto tiene un problema añadido, y es que los especialistas que interpretan y narran la evolución del nuestro linaje también son humanos.
Como especie biológica, a menudo consideramos que somos unos seres realmente excepcionales, y en algunos sentidos probablemente sí lo somos, pero posiblemente lo somos menos de lo que el nuestro ego sobredimensionado le gustaría aceptar.
Venimos de un pasado evolutivo en el que hay muchos protagonistas, tanto dentro como fuera del linaje de los Homo: Homo habilis, Homo erectus, Homo floresiensis, Homo ergaster, Homo antecessor, Homo neanderthalensis, Homo sapiens… Sin embargo, los 6 millones de años de evolución de la especie humana se pueden resumir en tres fases muy simples.
A) El bipedismo, que por cierto ya tenían otras especies anteriores a Homo, como los autralopitecus, que eran muy similares en cuanto a tamaño y en cerebro a los chimpancés actuales. B). La encefalización, que en general ha hecho que el cerebro haya ido aumentando de volumen durante la evolución, a pesar de que los neandertales tenían una capacidad craneana superior a la nuestra pero posiblemente un cerebro menos interconectado.
C). La adquisición de la habla articulada, lo que nos ha permitido estructurar los pensamientos complejos de manera muy fina, por ejemplo la posibilidad de plantear y discutir razonadamente y argumentadamente los retos del futuro. Nuestro pasado evolutivo es, sin embargo muy enrevesado de interpretar, dado que muchos de los fósiles de los que disponemos son fragmentarios, y este hecho dificulta sacar conclusiones. Esto es precisamente lo que plantea el libro “Prejuicios y evolución humana”, del paleontólogo y divulgador científico David Rabadà y Vives. Es un libro atrevido, pero muy bien documentado, que denuncia los prejuicios y los intereses en el campo de la investigación en la evolución humana. Describe las pugnas entre científicos para imponer sus intereses y creencias. Explica con todo detalle y simplicidad como de unos simios “atecnológicos” hemos terminado convirtiéndonos en simios “ideológicos” (y no lógicos) por las flaquezas de algunas imposturas que transforman las evidencias en falaces y rentables argumentos.










