El discurso del jueves pasado de la vicepresidenta, Cristina Fernández, tocó muchos temas importantes, aunque quiero resaltar aquí una idea central: la de “darle valor a la vida”. El acuerdo democrático de respetar la vida, señaló, se quebró el 1 de septiembre, con el intento de asesinato contra su persona. Ante ello, planteó que “es obligación de todas las fuerzas políticas en Argentina, volver a reconstruir ese acuerdo democrático separando a los violentos, al lenguaje del odio, al que quiere que el otro se muera porque piensa diferente”. Entre otros temas, sostuvo que es necesario que a ese acuerdo democrático le suceda también la construcción de un consenso económico, pero no un consenso donde todos opinen igual, sino donde se aborden los graves problemas que tiene la Argentina. En el tema económico, Cristina hizo hincapié en la necesidad de alinear precios, salarios y tarifas, para que los frutos del crecimiento no se los lleven unos pocos. Señaló que es necesario “discutir en serio un modelo de economía sustentable política y socialmente en un mundo (…) con graves problemas geopolíticos, que viene con disputas que están por afuera de nuestras posibilidades de intervenir o decidir”. Ante ello, hizo alusión a la necesidad de que los argentinos y las argentinas nos fortalezcamos para defender los recursos naturales. También se refirió al “brutal endeudamiento” generado durante el gobierno de Mauricio Macri con el FMI que “condiciona nuestras políticas”, para luego agregar: “el gran punto de quiebre fue volver a un brutal endeudamiento del país. Tenemos que destinar recursos no para generar valor, sino para pagar la deuda”. Ante este panorama, resaltó: “Es necesario acordar políticas. Porque las elecciones se pueden ganar, pero los condicionamientos son tan profundos que van a requerir que la mayor parte de los argentinos tiremos todos juntos para el mismo lado”. Sin duda, vale la pena leer o escuchar detenidamente la intervención de Cristina, donde se analiza con profundidad las verdaderas problemáticas y los desafíos del país, a la vez que se señala un necesario camino a transitar. La necesidad de discutir en serio sobre la seguridad y la autonomización de las fuerzas que deberían garantizarla. El orden social mínimo deseable: padres con trabajo, hijos en la escuela, comidas en familia y en la casa. La necesidad de un consenso económico y el costo de que las políticas económicas las decidan los jueces.









