Por Arturo Brooks
Es sabido que la suspicacia y la malicia, sobre todo cuando las acompaña la mala fe, todo lo amañan y penetran. Por eso vale la pena detenerse un momento ante las quejas por falta de recursos para las Fuerzas Armadas que, por estos días, teatralizan supuestos expertos y defensores que gozan de muy pobres antecedentes en la materia.
Podría señalarse que lo hacen justo cuando va por su segundo año la ejecución del Fondo Nacional de la Defensa (Fondef), que supuso 340 millones de dólares en equipamiento en el año 2021; así como “el blanqueo salarial”’ pendiente desde los años ’90. También cuando se incrementan los recursos para completar, por primera vez desde los años ’80, la dotación de soldados voluntarios, incorporando este año 10.000 jóvenes argentinos más; y cuando después de medio siglo se reconstruye la base antártica de Petrel, que ya ha vuelto a ser permanente. Tendría que llamar la atención que quienes rechazaron en el Congreso Nacional el Presupuesto que contemplaba aquellas partidas, sean los que lloran ahora lágrimas de cocodrilo porque hay que renegar en tramitarlas y eso demora.
“Res non verba”, decían los romanos. Pero estos expertos lo traducen como que “Las vacas no hablan”.










