Hernán Navarro (*)
Este domingo se celebró el “Día nacional de la lucha contra el grooming” en Argentina, instituido a partir del año 2018 mediante lo dispuesto por la ley 27.458. Este es un año singular que nos debe interpelar e invitar a reflexionar sobre el estado de situación actual en relación al delito “de mayor gravedad de este siglo” hacia los niños, niñas y adolescentes en el ecosistema de internet. Es un año particular para esa reflexión dado que representa el primer año de postpandemia, situación que adelantó la transición de las sociedades en materia digital.
Los resultados que nos arrojan los datos obtenidos mediante las métricas que pudimos alcanzar desde Grooming Argentina producto del trabajo territorial que llevamos a cabo en todo el país, muestran números ascendentes en referencia a la victimización y acerca del estado de vulnerabilidad en que los niños y adolescentes conviven en el mundo digital, motivo por el cual estamos requiriéndole a la comunidad en su conjunto, elevar los niveles de concientización y acción frente a la protección y prevención de este delito.
Estamos ante una generación que enfrenta un doble estándar de vulnerabilidad: la nula percepción del peligro en Internet y la ausencia de educación digital. Son dos vértices que hoy convierten a las infancias y adolescencias en un estado de alto grado de vulnerabilidad.
En términos claros: los chicos no saben qué peligros enfrentan en internet y ningún adulto responsable logra explicárselo con claridad.
Según nuestras mediciones, a partir de este año 2022 los niños y adolescentes pasan en promedio más de 6 horas diarias conectados. Al verse exacerbados los períodos de conectividad, se torna de vital importancia hablar de un quiebre que nos permita reconocer y, a su vez generar, una nueva instancia de construcción de ciudadanía digital. Un proceso que promueva una efectiva convivencia digital, en el que se planteen pautas y se generen consensos familiares, fortalecido en medidas de resguardo y seguridad, tal vez, con más rigurosidad que antes bajo el entendimiento de que toda actividad en la que intervenga un adulto, de manera no consentida y no apropiada para la edad de un niño o adolescente, que tenga que ver con su sexualidad, es considerado globalmente como un abuso.
El desafío debe venir acompañado de una fuerte impronta que busque un verdadero cambio de fondo bajo el entendimiento de que “a una red, la combatimos con otra red”.
(*) Abogado y fundador de
Grooming Argentina.










