Hojas Sueltas. Científicos

Luis Britto García

¿Qué científico queremos? ¿Qué ciencia queremos? Es una pregunta tan básica y de tan difícil respuesta como plantearnos qué vida deseamos. Pero quizá sea la misma. Aspiramos a una existencia infinita que lo abarque todo. Determinan nuestra elección de un proyecto de vida o de ciencia los modelos que quisiéramos imitar, pero también nuestras capacidades, el medio, las oportunidades y bienes de que dispongamos. Kant afirma que la Historia es el proceso de realización de las potencialidades del hombre. Quiero todos los científicos y toda la ciencia que podamos tener. El conocimiento nos constituye en seres humanos. Deseamos una sociedad lo más humana posible, en la cual la mayoría los habitantes y de los recursos se dediquen al conocimiento. El problema del investigador o de quien fija una política científica es similar al que enfrenta el economista: establecer la óptima relación entre las necesidades y los bienes con los que puede satisfacerlas. Las necesidades económicas son potencialmente infinitas. También lo son los objetos a esclarecer que puede proponerse la ciencia. La ciencia no se produce en el vacío. La sociedad pone a disposición del científico tiempo para su trabajo, instrumentos, recompensas. Pero incluso el investigador individual encara una restricción de las opciones. No puede elegir todas las disciplinas a la vez. Dentro de ellas tampoco puede enfrentar todas las especialidades ni todos los problemas. El problema de la relación entre fines y medios es compartido por investigadores y sociedades. Los proyectos nacionales rigen las políticas educativas y científicas en la medida en que determinan la asignación de recursos. Tales políticas deberían comprender la preservación y conservación tanto del conocimiento como de quienes lo crean. Deberían estimular que los científicos formados en el país continúen sus carreras en él. Afirmó Carlos Lage que “Un millón de científicos y profesionales formados en América Latina a un costo de unos 30.000 millones de dólares, viven hoy en los países desarrollados y por sus innovaciones y aportes científicos debemos pagar o prescindir de ellos” (“La globalización neoliberal y la libertad de movimiento: paradojas conceptuales y prácticas”). La investigación es una apuesta contra lo desconocido; toda política que intente organizarla debe resignarse a un grado de incertidumbre. Cada sociedad plantea los problemas que le interesa resolver, les asigna prioridades y recursos y los aborda con su estilo peculiar. A tal sociedad, tal ciencia. Pero también, a tal ciencia, tal sociedad.