Alfredo Serrano
Se usa tanto la palabra “cambio” que para muchos no significa nada. Este término se fue vaciando de contenido a medida que fue utilizado como eslogan recurrente en cada disputa electoral. Unos y otros lo evocan con la finalidad de seducir a un electorado descontento.
Sin embargo, luego, cuando llega la hora de la verdad, la de gobernar, el cambio se deshincha. Para que exista una regla, siempre es necesaria una excepción.
Y a ésta la protagoniza Gustavo Petro y Francia Márquez en Colombia. Durante todos los meses de campaña electoral prometieron que su propuesta era la del Cambio y, ahora, tras haber ganado las elecciones con el apoyo de una gran mayoría, están queriendo gobernar para cambiar. Y lo están haciendo.
En su primer semestre en la Presidencia, Petro ha acometido cambios en ejes programáticos muy importantes: a) cambios en la política exterior como, por ejemplo, la inauguración de una nueva relación con Venezuela, b) cambios en la política tributaria, con la eliminación de los privilegios (exenciones multimillonarias) para los más ricos, c) cambios para fortalecer el sistema público de Salud, d) cambios en el proceso de Paz, e) cambios para que los jóvenes detenidos por las protestas sociales de 2021 ya no estén en la cárcel, f) cambios en el sistema de pensiones, g) y ya están anunciados los cambios para la legislación laboral, con el objetivo de ampliar derechos. Hoy la valoración pública de Petro es muy alta.
Según los datos de la última encuesta Celag, realizada en febrero, la mitad de la población aprueba su gestión y tiene una imagen positiva del Presidente.
Es el segundo mandatario mejor valorado de América Latina, detrás de AMLO (México). Al observar qué opina la ciudadanía en relación a cada uno de los ejes del cambio, existe una mayoría significativa que los apoya (oscila entre el 40 % y el 60 % según cada asunto).
De hecho, al preguntar si Colombia está cambiando o sigue igual que siempre, también existe una mayoría (50,3 %) que se decanta por la primera opción.
Esto no significa que todo esté bien. Pero tampoco que todo está mal, como suele anunciarse en grandes titulares por algunos medios de comunicación.
En este sentido, un dato habla por sí solo: el 74 % de los colombianos cree que los medios de comunicación informan mal y manipulan la realidad según su conveniencia.










