Arturo Brooks
La Agencia Internacional de Energía (IEA) acaba de publicar su informe anual sobre la inversión mundial en energía. En 2022, se invirtieron 2,8 billones de dólares en energías, de los cuales 1,7 billones se destinaron a energías limpias. Esta es la mayor inversión anual en energías limpias de la historia, y su destino es bastante interesante. En 2022, por cada dólar gastado en combustibles fósiles, 1,7 se destinó a energías limpias. Hace solo cinco años, la balanza estaba empatada. El creciente dominio de las energías limpias es más claro en el caso de la energía solar. En 2023, por primera vez, se espera que la inversión en energía solar supere a la de producción de petróleo. Esta es una gran diferencia con respecto a hace una década, cuando el gasto en petróleo superaba al gasto en energía solar en una proporción de casi seis a uno. Vale aclarar que, aunque las energías limpias reciben mucho dinero, no representan una gran parte del gasto de las empresas de combustibles fósiles, pese a que esas empresas pueden desempeñar un papel en el impulso de nuevas tecnologías, especialmente en las que tienen experiencia (como en la geotérmica, por caso). Aunque es importante situar ese gasto en su contexto: las empresas petroleras y gasíferas invierten menos dinero en energías renovables de lo que las campañas publicitarias quieren hacernos creer. El informe señala que en el sector de las energías limpias, la mayor parte del gasto se destina a energías renovables como la eólica y la solar, la modernización de la red y la mejora de la eficiencia energética. Menciona también que la inversión en vehículos eléctricos ha pasado de 29.000 millones de dólares en 2020, a 129.000 millones en 2023. Además. Y que el gasto en baterías para almacenar energía se duplicará entre 2022 y 2023. Parece que no pasa más de unos días sin que se anuncie una nueva fábrica de baterías en los países desarrollados. Si esos planes se materializan, en 2030 se alcanzarán casi siete teravatios/hora de capacidad para fabricar baterías de iones de litio. Eso es suficiente para más de 100 millones de vehículos eléctricos al año. El asunto es quienes los fabricarán: por ahora están liderando esa carrera (y peleando entre sí) China, EE.UU. y Europa. Al resto de los países, al menos por ahora, les toca proveerles la materia prima… y luego comprárselos.










