Hojas sueltas… Altruismo vs egoísmo

Por David Buen

Imagine que un amigo, en su testamento, le ha dejado una cierta cantidad de dinero, a repartir con un tercer amigo. Pongamos que les dejó 10.000 dólares entre ambos. Sin embargo, su reparto es asimétrico. A usted le dejó 5.624 y a su amigo 4.376 dólares. ¿Cómo se sentiría?
¿Y si a usted le hubiera dejado 9.999 y a su amigo sólo 1 dólar? ¿Se sentiría igual? ¿Y sería usted igualmente capaz de repartir el dinero de manera altruista?
Puede parecer un simple juego, pero en un mundo donde las diferencias materiales entre las personas son aún más exageradas, estas distinciones adquieren una importancia primordial. ¿Por qué hay personas a las que resulta aparentemente más fácil compartir mientras otras tienden a ser egoístas? Investigadores de Beijing y Londres han examinado la actividad cerebral de un numeroso grupo de voluntarios en el momento de tomar estas decisiones sociales y morales. Sin entrar en detalles técnicos, han visto que la zona del cerebro que se activa preferencialmente cuando repartimos de forma altruista son las amígdalas, que están implicadas en la generación de emociones, las cuales en esta situación se conectan con zonas de la corteza prefrontal implicadas en la capacidad de razonar reflexivamente. Las decisiones altruistas parecen tener, por tanto, un origen emocional que nutre la racionalidad, no al revés.
En las personas egoístas, en cambio, se activa preferencialmente la corteza lateral orbitofrontal, implicada en la formación de expectativas. Es como si, cuando nos hacemos expectativas de lo que podemos hacer con lo que tenemos, somos menos propensos a compartirlo. Además, el nivel de actividad de esta zona se correlaciona con el grado de egoísmo, desde las reparticiones más altruistas, de casi 1 a 1, hasta las más egoístas, que pueden superar tranquilamente los 500 a 1. También han identificado cuál es la neurohormona que lo gestiona, la oxitocina. Está implicada en muchas actividades fisiológicas, entre las que destaca la sociabilidad. Uno de los experimentos que han hecho ha sido suministrar oxitocina a los voluntarios egoístas, y han visto que, mientras dura su efecto, el comportamiento que muestran se vuelve más altruista. No es por casualidad que las personas alcancemos los niveles máximos de esta hormona durante la maternidad y la paternidad, y también durante las primeras fases del enamoramiento, que son los períodos vitales en los que tendemos a compartir más con estas personas.