Hojas Sueltas… Acoso virtual

María Zisman (*)

A partir del año 2020, un nuevo día se suma a nuestras agendas para pensar en los vínculos entre pares en la escuela. Los 143 estados miembros de la Unesco designaron al primer jueves de noviembre de cada año como «Día Internacional contra la Violencia en la Escuela, el Bullying y el Ciberbullying», reconociendo de este modo que la violencia en el entorno escolar, bajo todas sus formas, atenta contra los derechos de los niños y los adolescentes, la salud y el bienestar. Mucho hemos aprendido, en estos años y, sin embargo, aún es necesario aclarar, definir y delimitar de qué estamos hablando cuando hablamos de bullying, cuándo es pertinente y cuándo no esta denominación y su correlato digital, el ciberbullying. Recorro y transito escuelas primarias y secundarias de todo el país trabajando con estudiantes, familias y docentes y escucho, con gran preocupación, cómo se han «reavivado» ciertos modos de nombrarse de manera discriminatoria y humillante. Chicos y chicas, hiperconectados, repiten palabras que atentan contra la integridad y dignidad del otro. Aparecen con mucha fuerza agravios referidos al cuerpo del otro, la orientación sexual, la identidad de género, el origen. Niños, niñas y adolescentes se encuentran en una enorme confusión de palabras que lastiman, y necesitan con urgencia un freno del mundo adulto. Los espacios digitales son sumamente provechosos si se utilizan para el encuentro, el aprendizaje, el entretenimiento, el desarrollo de la creatividad. Es imprescindible construir una ética digital que los ayude a elegir, discernir, proponer contenidos que valoricen al otro. Muchos de los ídolos que siguen (streamers, tiktokers, instagramers, etc) proponen el destrato y la discriminación. No podemos naturalizar estos discursos. No podemos permanecer inmóviles ante los grupos racistas, xenófobos y generadores de odio que convocan a los jóvenes cada vez desde más pequeños. El espacio digital no es responsabilidad exclusiva de las familias y del que la escuela pueda desentenderse; no se trata de delimitar culpas o postergar intervenciones, sino de tomarlo como un espacio de todos, en el cual los docentes tienen la oportunidad y el privilegio de poder educar. Que el primer jueves de noviembre de cada año se abran ámbitos de reflexión y acción en torno a la convivencia y sus malestares, es sumamente valorable. Tal vez no sea una solución instantánea o definitiva, pero sí es un paso hacia ella.



(*) Licenciada en Psicopedagogía, directora de Libres de Bullying (www.libresdebullying.com.ar).