Hay tensión entre Milei y gobernadores

El reclamo de Chubut terminó exponiendo el malestar extendido de los jefes provinciales con el poder central. Y la reacción del Gobierno agregó voltaje.

La semana que había sido pensada como un nuevo ensayo de puentes del Gobierno hacia los jefes provinciales, según se dejaba trascender desde la Presidencia, termina en un nivel de máxima tensión entre Javier Milei y buena parte de los gobernadores. Se verá hasta qué punto puede escalar el conflicto, a una semana de las sesiones ordinarias del Congreso. A nadie le pasa inadvertido, también en estas horas, que no sólo las medidas económicas sino además el cuadro político es observado desde el exterior para hacer cálculos a futuro. Lo acaba de hacer expreso el FMI.

El conflicto con los jefes provinciales, con eje en Chubut y con extensión que condensa otros malestares, estalló un día después de la actividad desplegada en Buenos Aires por la funcionaria número 2 del Fondo, Gita Gopinath, y casi en simultáneo con la visita de Antony Blinken. Parece difícil disociar la lectura externa.



La reunión con Gopinath constituyó un dato central en la agenda presidencial, coronada en política exterior por el encuentro con Blinken. Es sabido: la posición de Estados Unidos fue determinante para el acuerdo que alivió el camino frente a los compromisos de la deuda anotados en este primer cuatrimestre. Y sería crucial, además, en las nuevas tratativas.

El conflicto emergió en toda su magnitud con un reclamo específico de fondos hecho por el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, representante de la nueva generación del PRO. La discusión no se reduce a su reclamo de 13.500 millones de pesos, aunque la cifra representa más de un tercio de los fondos mensuales por coparticipación. La advertencia sobre el freno a la producción de petróleo y gas en su provincia sorprendió mediáticamente, pero no redujo los respaldos, que se venían conversando en un clima de temperatura en ascenso por recortes -transporte, docentes-que afectan a las provincias.

El planteo de Torres fue acompañado en primer lugar por el resto de los gobernadores de la Patagonia. Excedió la marca de Juntos por el Cambio -que sólo sobrevive en el ámbito de los mandatarios- y reunió las firmas de un peronista clásico y un socio kirchnerista (el pampeano Sergio Ziliotto y el fueguino Gustavo Melella) y de tres provinciales (el rionegrino Alberto Weretilneck, el neuquino Rolando Figueroa y el santacruceño Claudio Vidal).

Después, llegó el respaldo de JxC. No quedó ninguno afuera, a pesar de las diferencias de posición frente a la gestión de Milei, algo no valorado por el círculo presidencial, más allá de algunos intentos de diálogo. El respaldo a Torres fue firmado por Jorge Macri y Rogelio Frigerio. Además del jefe de gobierno porteño y del gobernador entrerriano, lo hicieron los socios de San Juan, Marcelo Orrego, y de San Luis, Claudio Poggi. Y también los cinco radicales: el santafesino Maximiliano Pullaro, el mendocino Alfredo Cornejo, el correntino Gustavo Valdés, el chaqueño Leandro Zdero y el jujeño Carlos Sadir.