Gestionar o liderar

Por Juan Martin Garay (*)

 “Gestionar es hacer correctamente las cosas, mientras que liderar es hacer las cosas correctas” afirma Peter Drucker, considerado por muchos como el mayor filósofo del siglo XX. Necesitamos de líderes de distinto género que se animen a afrontar el gran desafío que implica la construcción del futuro aún no escrito, es decir, esa sana incertidumbre en la que está todo por hacerse. Sin lugar a dudas esto es la clave de este tiempo argentino. El denominado “filósofo del tiempo”, Heidegger, entiende que el tiempo es la inquietud de ser y lo que hay existe en tanto se desarrolla temporalmente.



Época de cambios

Expresa Hegel que “el gran hombre de una época es el que sabe formular con palabras el anhelo de su época, el que sabe decir a su época lo que ella anhela y sabe realizarlo. Lo que él hace es corazón y esencia de su época”. Los cambios en esta época se empiezan a dar y suceder de forma acelerada. Pero más allá de la velocidad con que suceden, debemos darnos cuenta que las buenas ideas, por buenas que sean, basadas en cuestiones cortoplacistas, no son precisamente la mejor opción. La necesidad de organizarse para vencer al tiempo desde una nueva concepción de la estrategia para dar orientación y sentido a la realidad -y con ello generar nuevas condiciones beneficiosas-, requiere no sólo de buenas intenciones sino de hacer las cosas bien y a un ritmo prudentemente adecuado.

Según el escritor y académico canadiense Nick Srnicek, “la democracia no puede ser reducida solo a los medios que emplea (votación, alternancia, división de poderes) sin la progresiva mejora de las condiciones de vida. El malestar global fruto de esa incompletud democrática explica el surgimiento de derechas extremas en Occidente”. Ocurre que los problemas son más veloces que la rapidez de las palabras y de las consecuentes acciones para resolverlos.

La construcción de ciudadanía necesaria para la toma de decisiones democráticas y para el desarrollo sostenible, se ve afectada en esta época de cambios por el generalizado descontento actual que anida en el seno social respecto de ciertas instituciones y en algunas personas que deben conducirlas (o en su mayoría). Sobre todo por la carencia de relación directa entre la palabra empeñada y el cumplimiento de los compromisos asumidos a lo largo del último tiempo. Esto que no es una generalidad, pasa a ser masivo en tanto y en cuanto la opinión pública lo masifica producto de la bronca misma. Esta época de cambios tiene reclamos en voz alta y también en voz baja.

Tenemos que dejar de soplar contra el viento y empezar a soplar a favor de él, tener una actitud proclive al cambio acompañando el tiempo que se vive con una mirada crítica, incluso sobre las propias acciones, escuchando atentamente a una sociedad cada vez más demandante que lo hace a viva voz o por lo bajo. Hay que tener la honesta capacidad de cuestionarlo todo, saliendo al encuentro de soluciones nuevas con la aplicación de “recetas” también nuevas.

Por eso debemos transitar, entre todos, la senda que permita hacer rodar la rueda del progreso y desarrollo humano con inclusión social, buscando soluciones sostenibles en vez de excusas para escapar a la realidad de la mano de peleas y disputas sin sentido. Recordemos que estamos en una época de cambios más que ante un cambio de época, por eso hay que “remar mar adentro” en los problemas (Duc in Altum). Este momento de inflexión resulta ser el devenir de la propia realidad pero en un contexto claramente adverso.

La impaciencia y la esperanza

Existe un evidente quiebre político y social producto de una crisis de representatividad sostenida en el tiempo que genera desconfianza. Esto demuestra una gran ausencia de algo muy necesario, me refiero a la confianza que se necesita para ordenar la cohesión social y el crecimiento. A la desconfianza existente en la actualidad se le suma la incertidumbre, eso complica la visión de futuro y con ello el despertar de la esperanza.

Así las cosas, habrá que recobrar la confianza en la gente pero desde las más sanas manifestaciones de la política. Esto se puede hacer si se practica el diálogo como forma de encuentro, aún desde las diferencias pero haciéndolo sin violencias, para ayudar a construir ciudadanía desde la toma de decisiones que posibiliten realizar reformas integrales. Es necesario también que se aborde como meta el arribar a un punto de cohesión y proyección social que permita un mejor desarrollo humano de nuestros semejantes.

Necesitamos de pragmatismo interpretativo para apreciar lo dinámico del contexto y avanzar en consecuencia con acciones concretas. Como vemos, mirar para atrás es fácil, explicar lo que sucedió o nos pasa diríamos que también. Porque “gestionar es hacer correctamente las cosas, mientras que liderar es hacer las cosas correctas”, pensemos en el desafío de cómo gestionar este presente que está marcado por una gran impaciencia social y también en como liderar el futuro de la mano de la esperanza.

(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.